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THE SUNDAY CONCERT: Gingerbread Men – The Clark Terry and Bob Brookmeyer Quintet

The Clark Terry and Bob Brookmeyer Quintet recorded in NYC in 1966.

Just the record -no visuals-, but well worth the listen.

The Band:

Trombone – Bob Brookmeyer
Trumpet, Flugelhorn, Vocals – Clark Terry
Bass – Bob Cranshaw
Drums – Dave Bailey
Piano – Hank Jones
………………………………………………….

Gingerbread Men – The Record:

1 Haig & Haig 4:28
2 I Want A Little Girl 4:08
3 Mood Indigo 6:48
4 Milo’s Other Samba 2:49
5 Gingerbeard Boy 2:37
6 My Gal 5:51
7 Naptown 5:26
8 Morning Mist 3:14
9 Bye Bye Blackbird 6:44

 

Until next time!

Ignacio

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©2019 by Ignacio Alperin Bruvera

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UN TEMA DE ELECCIÓN (O EL SINDROME DEL EXCESO DE IDEAS)

Taylor Wilson (n.1994), el joven genio norteamericano que a los 14 años de edad se convirtió en la persona más joven de la historia en crear y hacer funcionar de cero un reactor nuclear por fusión, dijo ante una pregunta relacionada a la genialidad y las ideas, que él tenía demasiadas ideas para una sola vida.

No necesitamos ser genios para haber pasado por esa situación. Un tema usual entre quienes abandonan sus proyectos de manera recurrente, es el de argumentar que sus ideas son tantas que les es imposible manejarlas. El comentario de Taylor se repite entonces en boca de muchos, una y otra vez, pero obviamente sin los resultados impactantes de este todavía joven y extraordinario científico.

Concretar una idea implica una serie de pasos mínimos. No hay una regla formal, pero entre los ingredientes deberían estar desde que podamos escribirla o plasmarla sobre un documento como idea más acabada, a que tengamos la oportunidad de investigar y desarrollar, intentemos probarla de manera activa, para luego llegar al punto de poder explorar las maneras de concretarla, y finalmente lograrlo.

Aclaro que concretarla no implica que lo hagamos exitosamente. Utilizando terminología “futbolera”, diríamos que armar un equipo supone al menos la intención de verlo en la cancha. Ganar, perder, o empatar debería ser (no siempre, pero en general), solo el resultado de jugar el partido y no producto de la mera existencia del equipo.

De la misma manera, tener ideas debería ser algo que nos ocurre a casi todos. En un típico espacio creativo y algo desorganizado, tener muchas ideas es todavía más usual. Pero efectivizarlas requiere de dedicación temporal a cada una, y el tiempo es algo que -al menos por ahora- tiene sus limitaciones. En general las soluciones no aparecen fácilmente, nos frustramos, y solamente después de un momento de tensión es que -en algunos casos- se presentan.

Entonces, lo que comenzó con toda la excitación de haber encontrado “la genial idea”, termina con una leve depresión causada por la sensación de haber fallado nuevamente al no poder avanzar sobre ella. La pregunta, considerando que esto nos ha pasado a todos en algún momento -y a algunos muy seguido-, es simplemente ¿por qué nos pasa esto y cómo lo resolvemos?

A primera vista, el hecho de tener muchas ideas debería implicar que somos bastante creativos, o que al menos tenemos cualidades que nos podrían llevar exitosamente por el camino de la innovación. Por lo tanto uno podría presumir que si somos capaces de idear innovadoramente, deberíamos contar con algunas aptitudes que nos permitan imaginar también las respuestas a muchas de las preguntas que cada nuevo concepto genera. Y por qué no, a que podamos aspirar a tener un relativo éxito en la aplicación de un gran porcentaje de ellas.

Pero no es así. La realidad indica que tener muchas ideas, como tener muchas opciones, es algo que puede ir en detrimento de nuestra capacidad de concretar lo que debemos hacer. Tal vez seamos capaces de soñar, pero no somos tan eficientes al momento de transitar nuestras ideas por la realidad.

Y la razón puede estar en manos de la psicología.

Allá por el año 2003, Sheena Iyengar encontró una de las razones, y eso la llevó a convertirse en una de las máximas autoridades en el mundo sobre el tema de elegir (choice) y a escribir uno de los libros más importantes de la última década sobre esta materia “El arte de elegir” (The Art of Choice).

Sheena era en esa época Profesora en la Universidad de Columbia -dónde hoy continúa como S.T. Lee Professor of Business en el Departamento de Management de Columbia Business School- y es también psicóloga. Su investigación buscaba averiguar si al incrementar las opciones de inversión que se le daba a un grupo de empleados en relación a sus fondos de retiro voluntarios, se conseguiría incrementar también la cantidad de personas que participaban del programa/fondo.

La respuesta intuitiva es la de asumir que si hay más opciones de inversión, es probable que se incremente el número de participantes en el fondo. Como ya imaginarán, la respuesta fue contraintuitiva. De hecho, por cada 10 opciones de inversión nuevas que se agregaban al mix que manejaba el fondo, la participación del personal de la empresa en el mismo bajaba 2%.

Este efecto contrario al incremento en el número de opciones se lo denominó “la paradoja de la elección” (the paradox of choice). De hecho, lo que también encontraron fue que cuantas más opciones de inversión se incorporaban, más conservadoras se volvían las decisiones financieras de los que ya participaban, al tomar opciones de más largo plazo y menos activas. Eso llevó a una segunda conclusión, y esa es que cuantas más opciones tengamos, menor será nuestra actividad. En otras palabras, el exceso de opciones disminuye paradójicamente nuestro poder de decisión.

Sería razonable inferir entonces en otro contexto que cuantas más opciones e ideas tengamos, es probable que menos hagamos. Graficándolo de manera simple, digamos que si en un local de ropa tenemos para elegir entre un buzo azul, otro gris y otro rojo, es probable que la decisión nos lleve unos minutos nada más. Si en cambio nos ofrecen una gama de 60 tonalidades para el buzo, más opciones con diferentes diseños, es factible que tardemos muchísimo más y que, inclusive, nos retiremos del local sin hacer la compra para así tener más tiempo para pensarlo.

¿Es esta la única razón por la que fallamos? Probablemente no. Como de costumbre, se trata de una combinación de factores la que nos lleva a no terminar lo que empezamos. Inclusive esta situación, si se repite, nos puede llevar muy seguido por el camino de la procrastinación. Nos falta tiempo, no tenemos energía, tenemos presiones externas, exceso de opciones…en conjunto, son todos elementos que se confabulan para frustrarnos y dejarnos abrumados por la realidad.

Admito que cada tanto a mí también me ocurre. Mi carrera me lleva por diferentes caminos, algunos paralelos y otros no tanto, pero en todos los casos son procesos muy creativos y repletos de opciones. Cuanto más creativo y free-flowing sea el proceso, más ideas se generan. Entonces, de golpe, uno puede encontrarse momentáneamente abrumado por la sensación de haberse convertido en un pulpo en medio de un cardumen.

¿Qué podemos hacer en esos casos para evitar congelarnos, para no dejar pasar las oportunidades, y para transitar exitosamente esta tormenta de opciones? Les puedo contar mi receta, la cual puede llegar a ser útil para Uds.

En primer lugar, vayamos a lo más básico. Respiro muy profundamente por unos instantes. A continuación, en lugar de pensar en lo que estoy haciendo, dejo mi laptop en stand-by por unos minutos mientras pongo algo de música (en mi caso va a ser algo de Jazz – por ejemplo Miles Davis-). Luego me sirvo algo que me haga sentir más relajado (en general, y paradójicamente, yo prefiero un café, pero tal vez Uds. sean de los que se toman 5 minutos y se toman un té, o algo más fuerte…).

Todo este ritual, que puede durar una hora, tiene como único objetivo “salir” de ese espacio de presión y recuperar la calma, y también mi centro.

A continuación, busco un método no tecnológico de ordenar mis ideas. Una pizarra, o lápiz y papel es todo lo que necesito. Allí comienzo a anotar y sin ningún orden en particular -más bien por orden de llegada a mi memoria- la lista de temas pendientes. Una vez que van apareciendo, voy abriendo cada tema y anotando las opciones o posibilidades de cada una. Si recuerdo algún tema más, lo anoto. Aquí lo importante es tener frente a uno el mapa general de lo que nos queda por hacer y la mayoría de las opciones que recordamos en ese momento.

El siguiente paso es pensar si alguno de estos temas tienen fecha de caducidad o fecha tope de entrega externa, y las anoto. A diferencia de los proyectos para terceros, la experiencia indica que la mayoría de nuestras ideas creativas, o proyectos personales, tienen fecha difusa de terminación. Eso significa que se terminan cuando logramos resolverlos, o efectivizarlos, concretarlos, o archivarlos. Y allí está gran parte de nuestro problema.

La Ley de Parkinson (Parkinson´s Law) es un libro del año 1955, y cuyo autor es C. Northcote Parkinson. En este texto, Parkinson desarrolla la hipótesis -basada posiblemente en la ley ideal del gas que indica que todo elemento gaseoso se expande hasta ocupar la totalidad del volumen que se le haya asignado-, que el tiempo actúa de manera muy similar a un gas.

En otras palabras, si tenemos 5 minutos para resolver un problema, nos tomará 5 minutos – o tal vez algo más pero no mucho más-. Si  le asigno 30 minutos, lo más probable es que resolverlo me lleve 30 minutos, y si al mismo problema uno le asigna 24 horas, la resolución demandará 24 horas. Extrapolen esto a un proyecto sin fecha de terminación, y ya comprendieron a donde nos lleva esta lógica.

La solución es forzar plazos cortos y definidos para resolver etapas dentro de un trabajo en particular. Para eso lo subdividimos en mini proyectos. Una fecha límite para terminar todo es siempre buena, pero muchas veces no ha sido establecida por nosotros sino impuesta externamente, y como resultado entramos en pánico y también nos paralizamos. En cambio, poner tiempos específicos para tareas más pequeñas dentro de todo el proceso es menos estresante y uno siente que puede cumplirlas. Y de hecho las cumple.

La práctica hace que, de alguna manera, naturalicemos estos mini proyectos con sus mini plazos, y que luego se conviertan en nuestros mejores aliados a la hora de salir de la procrastinación.

Como perlitas finales yo agregaría un par de temas más que contribuyen a optimizar esos procesos.

En primer lugar, más allá de la importancia de tener los ojos bien abiertos y de saber ver las señales que nos pone el camino, hay veces en las que es más importante seguir nuestra intuición. Si son obvias, las señales pueden ayudarnos a acelerar o a descartar proyectos (aprender a decir basta es también un hábito importante que exploraremos en otro momento), y eso es muy bueno. Cuando las señales son confusas, nos detienen y es ahí donde nuestra intuición y experiencia nos tienen que guiar.

Esto no es novedoso. De hecho en “Pestañea: El poder de pensar sin pensar” (Blink: The Power of Thinking without Thinking) de Malcolm Gladwell, el autor le dedica 482 páginas a argumentar que las decisiones intuitivas y rápidas tienden a ser más eficientes y correctas que las decisiones conservadoras y muy planeadas.

Obviamente que la intuición es mucho más que la “intuición”. Se trata de una combinación entre experiencia, bases filosóficas (ética y responsabilidad son dos que saltan inmediatamente a la mente), conceptos sociológicos, cultura, tacto, sentimientos, más lo que denominamos intuición pura. Pero cuando las señales son confusas, yo siempre confió en que la boca de mis estómago me va a aconsejar mejor, y por lo tanto dejo que las soluciones fluyan desde allí.

Finalmente, un consejo que también ayuda a la salud física y no solo mental. Acostumbrarse a terminar las cosas es un ejercicio que requiere de práctica. Y es un hecho que muchas veces nos acostumbremos tanto al fracaso, que cruzar la meta final se convierte en una tarea faraónica. Para vencer esa inercia es muy importante adquirir ciertas destrezas, y para lograrlo hay muchos métodos. El que les voy a proponer es bastante simple y alejado de un escritorio, lo que de por sí es uno de sus puntos más positivos.

Yo aprendí el hábito de finalizar lo que comienzo de la mano del deporte individual. En mi caso particular, fue correr, pero también puede ser andar en bicicleta, ir al gimnasio, o lo que Uds. sientan más cercano. Aquí la clave no es simplemente hacer ejercicio, sino proponernos una meta y cumplirla. Podemos comenzar por metas cortas y luego ir avanzando hacia algo más ambicioso.

Por ejemplo, si me propuse correr 10 km, voy a correr los 10 aunque los últimos 2 km los tenga que hacer caminando (o arrastrándome…). Si me propuse andar en bicicleta por 1 hora, la meta es 1 hora y no aflojo en el esfuerzo hasta que al menos ese tiempo se cumpla. Lo mismo con el gimnasio. Me propongo, antes de llegar, una serie de ejercicios, máquinas y repeticiones -razonables, nada exagerado- y las cumplo a rajatabla.

El ponerme una meta y cumplirla, acomoda los procesos neuronales e imparte una orden generalizada que indica que cuando yo me proponga un objetivo, ese objetivo debe ser cumplido. Eso es programación neuronal y emocional. Porque el hecho de hacer los 10 km con la determinación que eso implica, y terminarlos, es un esfuerzo que tiene premio.

De hecho genera un enorme flujo de endorfinas y como ya sabemos, un rush de endorfinas es algo que a nuestro cerebro le gusta y mucho. Ese proceso es lo que genera hábito, y como resultado de ello veremos que no importa lo que sea que nos propongamos, lograremos cumplir la mayoría de los objetivos porque habremos generado el hábito de terminar lo que comenzamos.

Espero que, al menos, prueben algunas de estas alternativas y luego me gustaría que me cuenten cómo les fue, y si pueden compartan con nosotros sus experiencias sobre el tema.

Hasta la próxima!

Ignacio

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, evangelista secular, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, secular evangelist, and an artist.

©2019 by Ignacio Alperin Bruvera

(Publicado como artículo en Linkedin / Originally published as an article on Linkedin on 03/14/2019)


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THE SUNDAY CONCERT: Oscar Peterson Trio with Clark Terry, Live in Finland, 1965

The great Oscar Peterson at the height of his career. I don´t need to say much more.

Oscar Peterson – Piano.

Ray Brown – Bass..

Ed Thigpen Drums..

Clark Terry – Flugelhorn, Trumpet, Vocals.

Recorded in Finland 23.3.1965

 

 

Until next time!

Ignacio

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CREATIVIDAD: ¿CANSADO DEL TEMA? LEA ESTO

Puedo imaginar que muchos de Uds. estarán ya agotados de escuchar sobre la necesidad de ser más creativos. Sobre que la creatividad es importante para su empresa o proyecto, o que el mundo es de los creativos, y que Design Thinking por aquí, y que Blue Ocean más allá. Podríamos seguir, pero asumo que ya me entienden.

Para peor a Ud., a quien hace muchos años ya le hicieron tests vocacionales basados en todo tipo de métricas -desde psicoanalíticas a aquellas apuntadas a sus capacidades innatas-, y en todos le informaron que se abstenga de las profesiones creativas porque sus capacidades eran, supuestamente, de “- 150”, no le queda otra que preguntarse si todo esto implica que se encuentra atrapado en una espantosa pesadilla profesional al mejor estilo de The Twilight Zone.

No soy experto en análisis del sueño, pero si esto llegara a ser una pesadilla, desde ya sería una que compartimos todos. En lo que sí puedo ayudarlo, es a abordar esta temática desde un lugar diferente y eso, espero, logre que Ud. pueda enfocar sus energías de otra manera.

Lo primero que necesita saber es que sería muy raro que Ud. no tenga capacidades creativas. En la vida y en el universo mismo, no hay muchas respuestas tajantes sobre casi nada. Por lo tanto, si le dijeron que se abstenga de cierta área del conocimiento, es probable que en el mejor de los casos, lo que vieron fue una tendencia emocional o intelectual hacia otras áreas que naturalmente le resultan más seguras, simples, o comprensibles. Pero es razonable concebir que todos, de alguna manera u otra, somos naturalmente creativos.

Así que, mi recomendación, sería que desmitifiquemos ese tema como punto de partida. La siguiente pregunta pasa seguramente por comprender cuán reciente es todo el interés que se ha generado en relación a los procesos creativos.

Le cuento que los estudios formales sobre la creatividad como materia específica -ya que como temática general nos llevaría a indagar hasta la Grecia antigua-, comienzan sustancialmente hace alrededor de un siglo. En el transcurso de estos casi 100 años mucho hemos aprendido sobre nuestra naturaleza, sobre nuestra manera de pensar y de imaginar las cosas, y sobre los métodos y herramientas que nos han hecho una civilización exitosa.

La búsqueda, como muchas de las búsquedas humanas, ha tenido el ojo puesto en encontrar la solución única, el libro de oro, el santo grial de la creatividad que le dé respuesta a todo y resuelva todas nuestras necesidades creativas.

Sin embargo, y por suerte, no sólo no lo hemos encontrado (más allá de erradas convicciones temporarias), si no que exitosamente hemos ido comprendiendo que las respuestas no son siempre las mismas, que leer el libro no nos exime de pensar, que un sabio nos deje conceptos brillantes no nos exime de tomar decisiones, y que las respuestas en un mundo cambiante son también cambiantes y no necesariamente consecuentes con soluciones a problemas similares en otros momentos.

En otras palabras, hemos comprendido que el proceso creativo es creativo en sí mismo. Es cambiante, modificable, divertido y frustrante a la vez. Y hemos aprendido también que se trata de un proceso grupal y no individual. La creatividad y la innovación, desde el punto de vista del desarrollo, es un proceso que nos involucra, nos obliga a abrirnos hacia los demás y hacia sus ideas y conceptos, nos hace reconocer la importancia del conjunto y no únicamente del individuo.

¿Todo esto le suena conocido? ¿Tiene algo que ver con como ya ve Ud. la vida y sus tareas laborales y profesionales? Póngase contento entonces, claramente Ud. está actuando creativamente y eso es muy bueno.

¿No lo hace? Entonces permítame ayudarlo a encontrar un camino muy natural que puede abrirle las puertas de un mundo nuevo. Para hacer eso, en lugar de hablar de Ud. – y hacerle sentir que el peso del tema es exclusivamente suyo-, voy a hablarle de algo más amplio en donde las responsabilidades son compartidas.

Y me refiero al hecho de que, desde mi óptica, el acto creativo podría ser descripto como un proceso casi comunitario y solo excepcionalmente individual. Las soluciones, como en la vida, no provienen generalmente de una persona circunstancialmente iluminada, sino del correcto destilado de ideas, conceptos y sueños de un grupo de personalidades muchas veces complementarias -y en otros casos marcadamente diferentes-, que trabajan muchas veces juntas, otras en paralelo, y otras veces sin conocimiento el uno del otro, incorporando opiniones e ideas externas, e influenciadas por un salpicado de hechos fortuitos. Es la combinación de toda esa actividad lo que nos lleva a generar respuestas novedosas e innovadoras.

Tal vez lo que Ud. necesite sea, simplemente, abrir su ángulo de visión e incorporar a otros a sus procesos de investigación y decisión. Entiendo que el ego es muchas veces un freno, pero no se estrese con eso. Nos pasa a todos, y como todo, es un aprendizaje que debemos efectuar.

Le cuento un secreto. Hasta la visión de la persona que parece iluminada está conformada, por debajo de la superficie, por una enorme cantidad de conceptos, ideas, fracasos y aprendizajes de otras personas. En definitiva, la creatividad vive y explota en cada momento de nuestras vidas y convive con nosotros. Y nuestro rol, diferente en cada ocasión y como parte de una foto más macro y compleja, es el de colaborar a encauzarla temporariamente en pos de un resultado.

Ya sé, no me lo diga, suena todo muy complicado para Ud. Hay que salir de una zona de confort y eso es muchas veces un problema. De hecho, cuando todo suena muy complicado la tentación es buscar una solución prefabricada.

De hecho, ya sabemos que para todo existen soluciones enlatadas y muy probadas que pueden ser, más y menos estructuradas, y más o menos exitosas. En términos corporativos, por ejemplo, las soluciones que emanan de una estructura o formato probado por otras empresas – sistemas o procesos basados en programas (software) y/o en un paquete de experiencias, ejemplos y soluciones pre formateadas por ejemplo – son normalmente las preferidas por muchos (tal vez a Ud. le haya pasado).

La razón es que un “paquete” que ya fuera adoptado por otros es más fácil de vender para el originador, y es más justificable internamente a la hora de ser adquirido. Pero inclusive sin cuestionar el éxito relativo de cada una de estas propuestas, en el mejor de los casos éstas tienden a ser una posible solución parcial de relativamente alto costo, y relativamente poca penetración cultural dentro de la organización.

Esto implica que en el mejor de los casos, bastante menos del 20% de la población activa que trabaja en estos temas tendrá acceso directo o indirecto a soluciones de este tipo (en parte por el simple hecho de tratarse de soluciones costosas).

Más allá del nivel de relacionamiento e influencia que Ud. tenga con estos procesos, la realidad indica que sus experiencias profesionales, empresarias o laborales serán variadas a lo largo de su vida, tanto en lo que refiere a los resultados como a las industrias. En otras palabras, todos debemos enfrentar cada día un mundo cambiante que requiere de constantes soluciones novedosas, y esos cambios no pueden estar sujetos exclusivamente a una solución empaquetada y estandarizada. Claramente necesitamos ir un poco más allá.

Una manera de graficar esta realidad es comprender que a lo largo de nuestras vidas tendremos, en promedio, entre 5 y 6 empleos (nuestros padres tuvieron 2 -o como mucho 3-, y nuestros hijos posiblemente entre 7 y 10).

El hecho es que pese a que hemos sido entrenados clásicamente, el ecosistema económico ha dejado de obedecer esas reglas tradicionales y nos enfrenta con la necesidad de, inclusive, adaptarnos a profesiones o tareas inexistentes cuando ingresamos inicialmente al mercado laboral, y a convertirnos en una especia de Ninjas creativos de nuestras propias vidas.

Hace un tiempo un profesional de unos 50 años de edad, muy ofuscado, me preguntó lo mismo que tal vez Ud. se esté preguntando en este momento: “¿Por qué en la empresa me insisten con que debo cambiar y ser más creativo, cuando he llegado a donde he llegado gracias a que soy como soy?”. Y la respuesta no es difícil de comprender, pero definitivamente no es tan simple de digerir.

Nosotros, que venimos armados con un bagaje educativo mucho más clásico que los chicos que están terminando sus estudios y a punto de ingresar al mercado laboral, ya estamos debiendo enfrentar estos excitantes pero difíciles retos que indican que es probable que para el año 2030 (perfectamente dentro de nuestra vida laboral), cerca del 50% de los trabajos y profesiones actuales ya no sean muy necesarios, e inclusive sean calificados como “obsoletos”.

Esto explica, de alguna manera, el auge del tema creatividad. Entonces, Ud. ya se estará preguntando, “¿Y cómo llego a ese lugar desde mi teórica capacidad de “-150” en actividades creativas?

Le puedo ofrecer, si le sirve, algunas ideas y conceptos que se requieren al momento de reformular nuestro paradigma personal y el de nuestra organización.

En términos personales, ser creativos tiene que ver en estos acasos, por comenzar a reconocernos como tales, y ser flexibles y adaptables a las nuevas necesidades laborales, organizacionales, éticas, ambientales y tecnológicas. En el fondo es ser, en términos individuales y de manera consciente, lo mismo que ya hemos sido como civilización de manera evolutiva e intuitiva.

Y desde ya, implica abrazar -aunque inicialmente sea un abrazo poco sentido y no un abrazo de oso- estos conceptos holísticos sobre la vida, y también comprender que no está escrito que porque la suerte nos haya acompañado hasta ahora, esa va a seguir siendo necesariamente la regla en nuestra vida profesional y personal hasta que digamos basta. Ni más ni menos.

Por eso es que la visión vanguardista de la creatividad es la de colaborar en la creación de sistemas configurables y dúctiles como la vida misma. Es dotar a cada uno de una caja de herramientas y mostrarle las maneras en las que esas herramientas pueden ser utilizadas. Es comprender que ya no podemos confiar en que un excelente libro, o que en una teoría popular, o que en un sistema -por más famoso que sea- podamos encontrar LA respuesta definitiva a nuestros problemas.

Igualmente, hay una valiosísima experiencia investigativa acumulada, así como inapreciables conceptos y teorías, y es necesario que se conozcan, se interpreten, y se respete la experiencia acumulada en torno a ellos. Pero al mismo tiempo hay que acompañarla en el proceso de discernimiento -particularmente en relación a toda la información que fluye en el mar de datos que nos rodea-, entre lo que es realmente importante para nuestras necesidades y lo que no lo es.

Promover la adquisición de competencias que permitan enhebrar y relacionar toda esta información de manera productiva, y colaborar a mejorar la satisfacción individual de cada persona dentro de este ámbito debería ser, entonces, nuestro objetivo en términos generales y también individuales.

Finalmente y en relación a lo organizacional, es clave comprender que catalizar la innovación y generar una cultura creativa es, no simplemente importante para el éxito de una empresa y de un emprendimiento profesional o personal, sino que es una necesidad de supervivencia.

A diferencia de otras épocas, la performance de nuestra actividad profesional y comercial no está restringida exclusivamente a las diferencias en el acceso a los recursos, sino primordialmente por las diferencias que se producen entre competidores debido a falencias en, o a la falta de, cultura creativa y de visión innovadora.

Hasta no hace mucho tiempo, las empresas o individuos se esmeraban en controlar el flujo de información ya que ese conocimiento era, en mayor o menor medida, parte sustancial de su sustento económico.

En un mundo híper informado e híper comunicado, en donde la constante generación de datos de toda índole supera nuestra propia comprensión, son cada vez menos las industrias y empresas que pueden sacar ventaja comercial de estas estrategias.

Al mismo tiempo, la visión del negocio va dejando atrás el “producto/servicio centrismo” para ir deslizándose hacia una relación basada en el cliente como codiseñador, cocreador, y cogenerador de productos, servicios, procesos y de nuevos mercados.

Como sucede con la cultura en general, y como ya lo hemos visto, la cultura creativa no es una sola. No hay un único modelo o un camino. Es justamente el reconocimiento de las enormes variables y de las influencias puntuales y sociales que conforman el ámbito económico – el ecosistema económico – dentro del cual debemos sobrevivir y crecer, lo que genera un gran número de opciones y diferencias que podemos utilizar para definir la cultura de nuestra empresa.

Ahora bien, y si me lo permite, quiero dejarlo con una recomendación. No se enoje ni se revele ante el cambio. Abrace estos nuevos conceptos y descubra una manera más sustentable, más acompañada, y por ende menos solitaria e individualista, de vivir la vida. En eso, en el descubrimiento de sus propios dones creativos – que los tiene aunque estén adormecidos- está una de las claves para vivir este fantástico momento de la civilización humana en todo su esplendor.

©2019 by Ignacio Alperin Bruvera

(Publicado como artículo en Linkedin / Originally published as an article on Linkedin on 03/11/2019)


Hasta la próxima

Ignacio

 

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ABSTRACTO SOBRE LO ABSTRACTO

Como artista que mayormente trabaja en la abstracción, vivo contestando preguntas como “?¿Y qué significa esto?”, “¿En qué estabas pensando cuando pintabas esta obra?”, o más difícil aún, “¿Yo veo tal cosa, está bien?”.

Pese a que la abstracción artística existe como tal hace más de 100 años, sigue siendo un tema de discusión e interpretación aún hoy.

Una obra donde no encontramos objetos que podamos reconocer abiertamente, en la que la estructura no replica algo conocido, y donde el mensaje se encuentra en un lugar que no es fácilmente descifrable, nos obliga a reconsiderar nuestra propia concepción de la imagen.

Ahora bien, la pregunta del millón sería, por qué tenemos que cambiar nuestro concepto y abrirlo hacia espacios que no reconocemos naturalmente. La respuesta, queda claro, no es simple pero prometo que no será vaga.

Hagamos un poco de historia.

El arte no saltó de un día al otro a la abstracción. De hecho, el proceso que implica quitar definición y diluir formas, luces y sombras buscando que el público defina los rasgos y los contenidos de ciertas áreas de una obra, es ciertamente un proceso bastante antiguo.

Sun Setting over a Lake c.1840 Joseph Mallord William Turner 1775-1851 Accepted by the nation as part of the Turner Bequest 1856 http://www.tate.org.uk/art/work/N04665

Podríamos ir más atrás, pero Turner en su obra “Sun setting over a Lake” (Puesta de sol sobre un lago) de 1840, nos presenta en muchos sentidos, una obra marcadamente abstracta ya que no reconocemos formas definidas ni estructuras muy utilizadas en esa época. Desde ya, es una obra muy alejada del arte “fotográfico” (por ponerle un título fácilmente comprensible y descriptivo). Otro ejemplo es el de Whistler, quien aproximadamente en 1875, resigna la fidelidad y se embarca en un espíritu abstracto con “Nocturne”. Y lo mismo podemos decir de otras obras de la época.

La llegada de la fotografía a fines del siglo XIX de la mano de Louis Daguerre -y sus luego denominados “daguerrotipos”- no afectaron en menor medida este cambio. La revolución industrial cambió la fisonomía de los centros poblacionales, y los objetos y la luz comenzaron a cambiar también a los ojos de los artistas de la época. La fotografía nos entregaba imágenes perfectas para la época y muchos artistas se preguntaban cuál sería el camino a seguir.

Claude Monet

Monet, sin lugar a dudas ayudado por su crecientes problemas de visión ya que sufría de cataratas (de hecho el gobierno Francés como parte de los honores al gran artista le “regala” en 1923 una de las primeras operaciones de cataratas de la historia), pinta en 1877 “Arribo del tren de Normandía”, una obra difusa y repleta de imágenes insinuadas. Seurat, mientras tanto, comienza a corromper la imagen al representarla de manera menos natural. Cézanne pese a una representación más realista, nuevamente “saca de foco” los objetos y simplifica sus formas, así como luces y las sombras. Mientras que Van Gogh abandona lo que existe por lo que ve e interpreta de una realidad todavía representada.

Así, y de manera gradual, la realidad comienza a deformarse y a representarse de diferentes maneras. Con la llegada del siglo XX ya todo es diferente. Picasso, Matisse, Kandinsky, Derain, Braque, Balla, o Malevich son artistas que de diferentes maneras, subvierten lo que ven y lo abstraen de la realidad obvia, arrastrándola hacia a un nuevo contexto que mezcla obviedad, con imaginación e interpretación subjetiva, y muchas veces, sentimientos espirituales o con influencias de la psicología. Otros como Duchamp se revelan ante la rigidez académica y desarrollan caminos de expresión novedosos.

Aquí es donde entra la escuela del Bauhaus, que mezcla el diseño, el arte y la arquitectura buscando un nuevo lenguaje estético. No voy a entrar en detalles sobre otras escuelas que influenciaron esta época a su manera, o que fueron influenciadas por la escuela del Bauhaus, pero lo importante es rescatar su importancia indirecta en el camino del arte hacia la abstracción en la pintura y ahora en la escultura (ver al ruso Vladimir Tatlin y sus obras como ejemplo). De hecho otro ruso, Rodchenko, declara ya en 1921, luego de sus 3 cuadrados de colores sólidos, que la representación en el arte ha muerto.

Jackson Pollock en acción

La abstracción crece y madura. Se convierte en una nueva definición de realismo para algunos, y en la segunda mitad del Siglo XX se expande en nuevos rumbos en Europa y en América. De Pollock y De Kooning, saltamos a Rauschemberg, Warhol, y luego Basquiat, Condo y hasta Jeff Koons.

Ya estamos mucho más cerca de la actualidad y es aquí donde me atrevo a mencionar un poco lo que ocurre con mi obra. La abstracción, ya crecida como concepto, estudiada como escuela, influenciada por quienes incursionan en un arte basado en el libre albedrío de las cosas (dejando caer colores donde caigan, por ejemplo), comienza a explorar la pregunta “y ahora, qué más?”. O sea, a dónde podemos ir y hasta dónde podremos llegar en nuestra exploración de la realidad, la imaginación, la forma y el color.

Esa búsqueda es la que a mi me inspiró a comenzar a pintar a los 12 años. Mi luego descubierta sinestesia colaborará en la incorporación de la música, y particularmente del Jazz, dentro de mi obra.

Esto no es único. De hecho el Jazz forma parte del movimiento abstracto desde hace muchas décadas, y tal vez la sinestesia también, ya que Kandinsky -por ejemplo- era también sinestésico y de hecho estudiaba “el sonido interior abstracto” de las formas.

Esa exploración es una exploración mayormente libre, pero con las bases de sustento que nos dan 200 años -o más- de desarrollo. Mondrian exploraba los colores primarios y las formas geométricas, Pollock trata de encontrar líneas de sustento artístico dentro del concepto de un libre albedrío controlado. Dentro del desarrollo del arte abstracto en la segunda mitad del Siglo XX, el Jazz asume una gran influencia dado que la improvisación es en el Jazz, paradójicamente, un concepto muy estudiado, mientras que es también una parte importantísima de la abstracción en el arte.

Mi obra, pese a que no hay intención de copia ni de repetición, es bautizada en una artículo por una bloguera norteamericana hace más de una década, como “Jazz Visual”. Ella interpreta correctamente que mi obra responde a una partitura bien aprendida pero que mi sinestesia me permite incorporar de una manera muy natural e imperceptible a primera vista las técnicas de los grandes músicos del Jazz, lo que agrega una nueva capa de improvisación -que incluye ritmo, cadencias, y movimientos- a la obra pictórica.

El resultado es muchas veces colorido, rítmico, siempre diferente pero de todos modos claramente reconocible como “mi partitura”. No importan entonces las diferencias que sobresalen de una obra a la otra, mientras hay una relación entre la emocionalidad, la musicalidad y la obra con el público, que sobrepasa los diferentes estilos de abstracción y cruza escuelas, en tanto fluye hacia resultados novedosos.

Recuerdo siempre con una sonrisa, y cierto cariño, a una señora canadiense extremadamente amable (como lo son los canadienses en general) que me habló con mucha emoción, hace ya más de 15 años, sobre una obra mía que había visto en la Web. Me contaba sobre lo fuerte que era la imagen, la cual ella me describía como mostrando al trabajador de la tierra arrastrando el duro yugo en la soledad de la tarde/noche.

Lo recuerdo vívidamente, ya que todavía hoy me cuesta entender, dónde vio a ese hombre trabajando el surco bajo el sol dentro de mi obra.

La abstracción tiene eso. Tiene un código secreto que se transmite directamente como un QR a la mente de quien lo mira. El resultado puede ser maravilloso, imaginativo, disparador de sentimientos profundos en quien observa, o simplemente puede llevarlo al desánimo que produce el no poder comprender lo que la imagen le quiere exponer a esa persona en particular.

Pero cuando el cerebro lo absorbe y lo interpreta, el artista y quien mira la obra han descubierto un camino que los une, un vehículo que los lleva a una exploración que se asemeja a la de una sonda espacial que arremete contra la nada buscando en el espacio el próximo gran descubrimiento.

Es por eso también que la abstracción es tan importante en otros rubros como la innovación tecnológica y los procesos creativos. Es un gran disparador, y como tal, un medio para explorar lo que deseemos indagar, o nos sorprende descubriendo que hay algo que investigar o aprender donde creíamos que no había ya nada más por ver.

La obra abstracta, en ese sentido, es capaz de dar siempre algo más. De hecho son constantes -y previsibles- los comentarios que recibo sobre los detalles que se van descubriendo en una obra años después de haber sido pintada. Tiene ese don tan particular de ser un nexo hacia lo que está más allá -o hacia lo que está mucho más profundamente escondido dentro nuestro-, pero siempre alejado del lugar obvio de la presencia formal.

Por esa misma razón, es muy probable que no pueda contestarles las preguntas que me hacen sobre la obra. Pero sí espero que después de leer este pequeño comentario, Uds. también busquen descubrir los mensajes que esconde la obra abstracta para cada uno de Uds. y encuentren allí mismo todas las respuestas a esas preguntas, y a las que nunca hubiesen siquiera imaginado.

Después de todo, el arte tiene ese mensaje superior. Es algo que es capaz de abstraernos del tiempo y del espacio, y de llevarnos a un plano diferente de la realidad en un viaje que merece ser disfrutado. Y es una línea del pensamiento y la creatividad humana con raíces históricas profundas que bien merecemos explorar.

Obra “Borgianus Kafkaris” por Ignacio Alperin (2016)

©2019 by Ignacio Alperin Bruvera

(Publicado como artículo en Linkedin / Originally published as an article on Linkedin on 03/07/2019)


Hasta la próxima

Ignacio

 

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