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PENSAMIENTOS DE AÑO NUEVO, A UNA CORTA DISTANCIA DE MI MISMO *

DUBLINERS es una colección de historias cortas escritas por James Joyce. Una de ellas famosamente comienza con la frase “El vivía a una corta distancia de su cuerpo, mirando dudosamente sus propios actos con miradas esquivas”.

Muchos de nosotros vivimos nuestras vidas de una manera muy parecida. En un mundo hiper conectado, todos tenemos en algún lugar cercano un teléfono que nos han obligado a llamar “inteligente” y que muchas veces nos trata a nosotros como tontos. Tecnología que, más de la cuenta, nos convierte en esclavos de sus necesidades. Terminamos así viviendo la vida a una cierta distancia de lo que realmente vivimos. Más de una vez, inclusive conversando con la persona que tenemos al lado, a través de una aplicación. O simplemente preguntándole a una pantalla si llueve, en lugar de abrir una ventana y mirar hacia afuera.

Tal vez no nos damos cuenta, pero existe también una cierta degradación constante de la terminología que, hasta hace poco, permitía que nosotros conectáramos, aunque sea emocionalmente y de una manera más profunda, con los otros. Hoy en día, cualquier desconocido es un amigo. Simplemente porque una aplicación decidió llamar a todos así. O cualquiera es un contacto. Aunque nunca los hayamos conocido o, aunque después de aceptarlos como tales en alguna plataforma, nunca más en la vida nos hablemos y aunque nos crucemos en algún bar, no lo reconozcamos.

No es mi intención la de pelearme con la tecnología. Muy por el contrario. Soy de los primeros en probar, analizar, aprovechar y disfrutar de todas las ventajas que ésta era tecnológica nos provee. Una de mis áreas de interés es la creatividad y la innovación, por lo que lejos estoy de cuestionar los intentos por hacer nuestra vida mejor. Pero también es cierto e indudable que, queramos o no, todas estas situaciones nos generan un enorme nivel de estrés. Porque todo lo que hacemos es a base de prueba y error. Y mientras las que salen bien nos benefician, los errores generan muchas veces daños a los que, en el medio de la vorágine diaria, no identificamos ni corregimos.

Los seres humanos somos seres sociables. La humanidad se desarrolla y crece porque se nutre de un cierto conformismo que nos permite vivir en sociedad. Ese desarrollo y ese progreso general, cultural y de bienestar se alimenta del contacto humano. Ese que nos permite generar sentimientos tan nobles como la solidaridad, la responsabilidad social y ese sentimiento que es el más importante del universo y que, en mi visión personal está en la esencia de todo lo que existe, que es el amor.

Mientras estar hiper conectados nos genera la sensación de una humanidad con un tejido mutuo globalizado y mucho más denso y cercano, en la práctica hay indicios de que algo de eso sucede, pero también percibo que hay un engaño que no es malicioso, sino simplemente funcional. En esa trampa caemos todos y me da la impresión de que nos pasan, al menos, un par de cosas a raíz de ello.

Para poder tener esa interconexión profunda, debería haber un paso previo. Porque para comprender verdaderamente a los demás, necesitamos primero estar conectados con nosotros mismos. Desde ya esa es una tarea difícil de por sí, porque los seres humanos tendemos a ser rumiantes de nuestros pensamientos y sentirnos presos de nuestras historias personales, sean estas ciertas o ficticias (Mark Twain dijo algo así como “en mi vida he transitado por enormes momentos de felicidad y grandes dramas. Muchos de ellos posiblemente reales”).

A eso debemos agregarle el hecho de que se nos hace muy dificultoso dejar de lado todo el ruido que nos rodea y toda la constante repetición de hechos del pasado que la tecnología nos vuelve a mostrar día tras día (la trampa inherente).

Ya de por sí, los seres humanos tenemos cierta tendencia a hacer estas cosas, pero encima la tecnología tiene la facilidad, por su prodigiosa memoria, de generarnos una constante visibilidad de todo, lo que nos impulsa a volver a revisar, analizar y a mirar constantemente hacia atrás.

Muchas veces nos convierte en el personaje de Joyce del que, como previendo el futuro, también escribía en la misma historia, “él tenía un hábito extrañamente autobiográfico. Que lo llevaba a componer en su mente de tiempo en tiempo, alguna frase corta sobre sí mismo, conteniendo al sujeto en tercera persona y a algún verbo en tiempo pasado.”

Alguien muy sabio me recomendaba hace unos días dedicarle 10 minutos diarios al silencio. A la ausencia de pensamientos repetitivos. O al menos, a la concentración en el ahora. Sin querer escaparme hacia adelante ni volver a vivir lo que ya pasó. No se trata de por 10 minutos dejar de existir. Sino muy por el contrario, querernos lo suficiente como para dedicarnos al menos 10 minutos diarios a reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestra respiración -que en el fondo es la señal más clara de nuestra propia existencia-. A reencontrarnos nuevamente con nuestro centro. Y como resultado natural, entender cómo estamos y qué es el hoy para nosotros.

De esa u otra manera alternativa, es que tenemos la posibilidad también de vincularnos verdaderamente con los demás. Es con esa claridad mental y espiritual, que pasamos de pensar que lo hemos hecho todo solos, a comprender que estamos aquí gracias a que siempre hubo alguien en nuestro camino que hizo algo que nos apuntalara en nuestro momento de debilidad, o de duda. Esos momentos, que todos hemos tenido, cuando la inexperiencia, la emocionalidad o la ceguera nos llevó a hacer lo que no teníamos que hacer.

En nuestro camino están siempre y, en el pasado, hubo también mucha gente así. Desde un maestro que se preocupó por nosotros y habló con nuestros padres. Para que entendieran que nuestras capacidades eran enormes pero que necesitábamos trabajar más. Pasando por nuestros primeros trabajos, cuando algún superior se apiadó de nosotros ante un error y nos dio otra oportunidad. Hasta aquellos que hoy hacen de apoyo y sostienen todo lo que somos y hacemos en nuestra familia y entre nuestros amigos. En lo personal y en lo profesional.

Recientemente me contaron un muy lindo relato sobre la vida de Charles Plumb**, un piloto norteamericano con una enorme experiencia, habiendo volado más de 75 misiones y cuyo avión fue derribado por un misil mientras sobrevolaba Vietnam. Milagrosamente, pudo eyectarse y su paracaídas le salvó la vida. En tierra, fue apresado y pasó más de 6 años en un campo de concentración hasta que pudo retornar a su país en un intercambio de prisioneros. De vuelta en los EE. UU., dedicó su vida a contar su historia de resiliencia y a inspirar a otros.

Un día, Plumb estaba cenando y se le acerca alguien que le dice “Usted es Charles Plumb, usted volaba su jet desde el portaviones Kitty Hawk. Es un honor saludarlo”. Charles le pregunta sorprendido quién era él, ya que era un desconocido.

Y el hombre, luego de presentarse, le contesta “Yo soy el que le revisaba y doblaba su paracaídas antes de cada misión”. Intercambiaron tarjetas. Esa noche, Plumb de golpe cayó en la cuenta de que ese hombre, a quien él nunca le había prestado atención alguna y de quien desconocía su cara y hasta su nombre, era el responsable de que él hubiese salvado su vida ese fatídico día, cuando su avión fue derribado. Desde ese momento, no pudo conciliar el sueño. Pensando sobre su ingratitud al no haberle prestado nunca atención a la persona que pensaba cada día en él y en su supervivencia.

Desde ese día. Cada vez que comenzaba una charla inspiracional, Plumb le preguntaba a su audiencia: ”¿Saben ustedes quién les arma y dobla su paracaídas?”. Y yo les pregunto: ¿Saben ustedes quienes son los que arman el suyo?

No nos damos cuenta tantas veces, porque son personas que están demasiado cerca nuestro y otras, tal vez, porque están siempre lejos. ¿Sabés quién o quiénes son los que se esfuerzan silenciosamente para sostener tu vida y la de tu familia? ¿Quién te trajo un cafecito cuando te sentías agotado? ¿O te cocinó la comida para que tengas un plato caliente cuando llegas cansado o cansada y te lo puso delante tuyo sin decir nada? ¿Quién te abrazo cuando estabas mal? ¿Quién alzó sus plegarias al cielo para que estés mejor?

Hoy, primer día de un nuevo almanaque, me y te propongo, corregir eso que nos sale mal tan seguido. Te propongo alejarnos un poco del ruido. Desconectarnos un poquito de la pantalla (un ratito nomás) para reencontrarnos con nosotros mismos, recuperar nuestra humanidad, conectarnos con quienes nos quieren de verdad y extender nuestras manos hacia los que nos necesitan. Hacia los que necesitan que seamos nosotros los que armemos sus paracaídas.

Muy feliz año a todos!

Ignacio Alperin

* Dedicado a los 3 amores de mi vida, las que arman mi paracaídas cada día.

** Gracias Lorena Horan

©2023 by Ignacio Alperin Bruvera

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By Ignacio Alperin Bruvera

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Es un creativo en la definición más amplia de la palabra. Posee una experiencia internacional extensa y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional y da clases y charlas como profesor visitante en entidades extrajeras. Es un emprendedor serial, aparte de consultor en temas tan variados como creatividad, innovación, liderazgo, arte y todo tipos de temas relacionados con el management y la dirección de empresas. Es también orador en eventos nacionales e internacionales, escribe ocasionalmente en diferentes publicaciones y por supuesto, tiene una carrera establecida como pintor y artista plástico.

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Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He is a creative in every possible description of the word. He has an extensive and diverse international experience, obtained in a professional and corporate career far from the linear. Nowadays he is a Professor in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, and gives lectures and talks in foreign universities. He is a serial entrepreneur, and a consultant in such diverse areas as creativity, innovation, art, leadership, and other management and business related subjects. He is also a key note speaker in national and international events, he occasionally writes for different publications, and of course, he has a well established career as a painter and an artist.

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