LA DIFÍCIL TAREA DE MANTENER UN PLANETA EN ÓRBITA HABITABLE

Avi Loeb, presidente hasta el 2020 del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard, director fundador de la Iniciativa Agujero Negro de Harvard y director del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, describe el proceso de la vida de esta manera, en un artículo de Scientific American:

Aproximadamente 15 millones de años después de lo que la ciencia llama el Big Bang, todo el universo se había enfriado hasta el punto en que la radiación electromagnética que sobró de su comienzo caliente estaba aproximadamente a temperatura ambiente. En un artículo de 2013, etiqueté esta fase como la ” época habitable del universo temprano “. Si hubiéramos vivido en ese momento, no habríamos necesitado el sol para mantenernos calientes; ese fondo de radiación cósmica hubiera sido suficiente.

De acuerdo a Loeb, en ese momento -al menos en la teoría- casi todo lo que existía estaba en el rango de lo “habitable”, por lo que no había necesidad que un planeta potencialmente apto para la superviviencia dependiera de una estrella que le diera calor. Sabemos hoy que la vida necesita de ciertos requisitos para existir. Requiere que todo lo que está se comporte de una manera muy específica para que milagrosamente surja. No es algo tan simple de encontrar, ni de sostener. Es un balance tenue de fuerzas opuestas la que permite que se den estas condiciones tan inusuales y es, por eso, que es también inusitado que casi todo se comporte conjuntamente y de manera viable.

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Asumimos, por nuestra propia experiencia, que se necesita de agua para que haya vida. Pero la verdad es que no lo sabemos. Hay otros gases como el metano, por ejemplo, que pueden convertirse en líquido y no sabemos si otros tipos de seres, diferentes a los que conocemos hoy, pueden existir con otros composiciones y condiciones. De hecho hay un trabajo que se está realizando en la Universidad de Harvard desde hace un tiempo, en el cual se está intentando crear vidas “sintéticas” que puedan sobrevivir -o formarse- en otros líquidos para dilucidar, entre otras cosas, si hay “otras” condiciones que permitan la subsistencia de seres vivos de cualquier tipo.

Acaezcan o no otros contextos posibles, las circunstancias que producen la vida requieren por lo general de un cierto nivel de irradiación que genere una temperatura que, a su vez, permita esa maravilla. Puede ser desde la radiación ambiente que existía hace millones de años y mencionada por Loeb, a lo que es el caso de la Tierra,  donde la distancia justa del Sol y las condiciones naturales de nuestro planeta, con su centro en movimiento, inclinación, atmósfera y su magnetósfera, crean escenarios posibles para nuestra presencia y la de toda la naturaleza.

Pero nada es para siempre. Por lo que, de continuar como hasta ahora la expansión del universo, podemos aventurar que las perspectivas de que sobrevivan seres en un cosmos que paulatinamente se enfría, no son buenas y de hecho, muchos científicos vaticinan una extinción masiva (nuestra y de todo ser viviente) en algo así como 10 mil millones de años. Claramente, mientras tanto, estar en esa sutil zona fértil donde la maravilla de la vida es una realidad, es lo que permite que estemos aquí.

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De la misma manera que ocurre a nivel universal, esa fina zona de perfección se repite dentro de nuestra existencia. Es el “sweet spot” -el punto dulce- desde donde una pelota sale despedida de una raqueta, un palo de golf, un bate o un botín de manera magistral. Es la nota justa que hace vibrar en una sinfonía o en una canción, en la cuerda de un violín, en una flauta, un piano o en el canto de una voz celestialmente afinada. Es también esa frase en el momento indicado que genera una sonrisa, o un momento de reflexión. Es lo más difícil de generar, pero también, de lo más gratificante que experimentamos en nuestra existencia.

Ahora bien, cuando debemos hacer que una organización, una empresa o nuestra propia carrera profesional subsistan y crezcan, es un hecho que también y como ocurre con las condiciones de vida interplanetarias, sea necesario que podamos colocarnos en una órbita que nos sostenga y nos permita existir y crecer.

Así como ocurre con nuestro planeta, que está en una trayectoria definida alrededor de un astro -en este caso el Sol-, que nos da luz, calor, permite la generación de fotosíntesis, la absorción de nutrientes y todas las condiciones para la vida tal cual la conocemos, un proyecto o una organización requiere también estar en una órbita -circular, elíptica, o al menos repetitiva- alrededor de aquello que le permita ser un éxito, o a lo sumo, convertirse en algo sustentable.

Esa órbita debe estar ubicada dentro de un rango razonable de distancia y ser iterable, para que permita, al frecuentar ese trayecto alrededor del cliente o de su objetivo, generar suficiente interacción positiva. Si nuestro cliente se mantiene en un cierto lugar y nuestra órbita se mantiene en el tiempo, los resultados deberían perdurar. Y si nuestra fuente de “calor” cambia, automáticamente deberemos encontrar – con todas las dificultades que implican correr a un “planeta” de un surco ya marcado- la nueva órbita exacta que nos permita recuperar esa potencialidad de crecimiento y subsistencia.

Lo que algunos especialistas denominan la zona de confort de una organización, que es ese momento en el que pareciera que no necesitáramos hacer mucho más que repetir lo ya realizado, es realmente el resbaladizo filo del surco orbital de nuestro negocio y no el cómodo centro. Es ese lugar en el que asumimos que lo que hace nuestra organización por naturaleza, es suficiente y no requiere modificaciones. Es ese momento el más peligroso siempre, ya que es el instante en el que tendemos a relajarnos y a pensar que si no tocamos nada, los resultados se darán solos.

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No es una tontería pensar así. Después de todo, nos costó mucho llegar a la órbita correcta y se supone que con solo dar vueltas al foco de calor que es nuestro objetivo, todo se producirá por mera decantación. Y puede ser que por un tiempo sea así. Pero la vida nos ha enseñado que todo cambia, que nada se mantiene en el mismo lugar, que la creación misma es un sinfín de momentos creativos y de innovaciones constantes. Entonces, las posibilidades de que nuestra situación se mantenga impoluta y sustentable por su mera existencia, es soñar con un universo que no es en el que vivimos.

Cualquier tenista podrá señalar que pegarle a la pelota en el ya mencionado sweet spot, ese lugar exacto de la raqueta en el que pareciera ser que el golpe requiere menos fuerza, pero la pelota sale disparada con mayor velocidad, dirección y efecto, no se trata de repetir una acción automatizada y requiere de menor esfuerzo en el lugar y momento justos, pero para llegar ahí dependemos de una cadena de eventos concatenados y esfuerzos muy logrados.

Requiere de práctica, de estado físico, de experiencia, de observación, de mover piernas, rodillas y brazos de una cierta manera, de tomar en cuenta que -en cada ocasión-, la pelota no va a rebotar exactamente igual, ni va a tener la misma velocidad, ni la misma capacidad de rebote, ni el mismo peso -ya que todo eso no depende únicamente de la pegada del contrincante, sino de variables externas como la marca y tiempo de uso de la pelota, la raqueta, el viento, la superficie, la temperatura, la humedad e inclusive, de factores internos como nuestro estado mental-.

En términos de nuestra empresa, la órbita perfecta es, en estos casos, una órbita artificial que debemos generar nosotros con enormes esfuerzos y que requiere de trabajo constante para conservarla. Llegar a mantenernos en la zona que nos habilite un crecimiento constante y de largo plazo, requiere de esfuerzos y habilidades que, muchas veces, no son los mismos que nos permitieron llegar a donde estamos.

Mientras que para colocar a nuestro “planeta” en este envidiable lugar tuvimos que mantener el foco en nuestros objetivos y evitar distracciones, para mantenernos allí es muy probable que sea necesario utilizar otros músculos o adquirir nuevas destrezas que nos permitan desafiar continuamente todo lo que presumimos conocer. Cada industria tiene su propio ritmo de cambio, más allá que el cambio sea continuo. La tecnología apura las decisiones, por lo que era cierto ayer, puede que hoy no lo sea. Y lo que nos llevó a donde estamos, podría convertirse, de repente, en el enfoque menos rentable.

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Es una realidad que las ganancias o pérdidas son siempre temporales. Pero lo que hagamos a través de nuevos enfoques o cambios de paradigmas, pueden hacer que pasemos de uno al otro rápidamente. Para mantener el upside es importante entonces mantenernos cerca de nuestros clientes, nuestro Sol, asegurándonos de estar siempre en esa zona donde la supervivencia es posible y si no, corrigiendo tan pronto como sea practicable nuestra órbita a través de nuevos enfoques y procesos.

Para hacer eso es necesario tener en claro que nuestra visión original no siempre es la que nos mantiene a flote. Tesla es producto de la visión de Elon Musk, pero para mantenerse y crecer, la empresa hoy es mucho más que eso, a tal punto que sus proyectos espaciales opacan lo que Tesla logró en el mundo automotriz.

IBM era LA empresa en 1984. Mi padre siempre recuerda ese momento de avanzada en el que decidió comprar, cuando vivía en Australia, su primera PC IBM con RAM de 164 kb (si, leyeron bien, kb) y pantalla color más impresora por cerca de 9 mil dólares de 1984 (algo equivalente a gastar 30 mil hoy). La empresa parecía imbatible como la reina de las PCs. Hasta que llegaron los clones y para 1993, IBM registraba la mayor pérdida de la historia en 8 mil millones de dólares.

La decisión no era fácil. Big Blue, como la llamaban a la “Blue chip” de todas las “Blue chip”, había salido de órbita y se alejaba rápidamente de toda posibilidad de supervivencia. La determinación de la empresa para frenar la inminente destrucción de su valor, parecía todavía peor que el problema. IBM anunciaba que abandonaba su core business, lo que la había llevado a ser LA empresa tecnológica por excelencia, después de décadas de ser líderes en mainframes con tarjetas (punch cards) y de inundar el mercado con sus PCs, chips, impresoras y hardware.

El nuevo foco que, esperaban, enviaría a IBM hacia una órbita más saludable, requería que pasara a ser una empresa de servicios, proveyendo a empresas con sus conocimientos de IT y desarrollo de software. Para 2010, la empresa que parecía haber caído en desgracia unos años antes, había adquirido cerca de 200 compañías especializadas en information technology, invertido en servidores para empresas y así se convertiría ya, en 2013, en la proveedora de soluciones de servidores -lo que hoy llamamos servicios en la nube- más grande del mundo.  

Ese cambio de órbita no evitó que dejara de ser esa corporación que parecía imbatible, pero de una empresa al borde del más absoluto colapso, encontró su lugar cerca de su sol y sigue siendo hoy una de las tecnológicas más grandes del mundo, facturando en 2020, más de 76 mil millones de dólares.

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Es entonces, mis queridos cosmonautas, una combinación de factores las que nos mantienen vivos. Objetivos claros para llegar a esa trayectoria de supervivencia, una gestión abierta a cambiar y a hacer las cosas de manera diferente, tener capacidad de reacción y apertura a las ideas de otros, estar en modo de aprendizaje constante y no creer nunca que “ya sabemos todo acerca de cómo funciona esto”.

También es necesario tener la habilidad y la humildad de saber cuándo pedir ayuda para comprender mejor lo que ocurre y, así, acelerar los cambios que puedan asegurar nuestro porvenir. Ya sabemos del viejo dicho que dice que si hacemos siempre lo mismo, obtendremos siempre los mismos resultados. Eso es así tanto en el error como en el acierto. Pero ahora agreguemos que si las condiciones externas cambian, seguir haciendo lo que nos hizo bien, puede terminar en ciertas circunstancias, haciéndonos mucho daño.

Finalmente, mantengamos una actitud positiva. No todo el mundo logra crear y poner en su trayectoria a un planeta de manera exitosa! Entonces, nunca perdamos esa actitud ganadora que nos permitió llegar hasta aquí. Eso y el esfuerzo de todos los que estuvieron involucrados, sentaron las bases de una nueva realidad.

Lo que sea que hicimos, tuvo como objetivo buscarle una solución atractiva a uno o más problemas y son nuestros clientes -aquellos a quienes les interesó nuestra respuesta-, los que nos permitieron crecer. Alejarnos de ellos (la Estrella que nos habilita a existir) enfriará nuestra probabilidades de éxito y paulatinamente eliminará las condiciones que generaron una nueva realidad.

Conservemos entonces el foco, el optimismo, la capacidad de reaccionar a tiempo y de demostrar que, manteniendo la atención en lo que ocurre a nuestro alrededor y sosteniendo la órbita correcta, hay muchos tipos de vidas posibles en el maravilloso universo que nos tocó transitar. 

IA

#Alperin #Gestión #Consultoría #Liderazgo

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Business and Art, ha realizado los talleres de creatividad e innovación y dictado la materia Entrepreneurship, en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), es Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Business and Art, having also taught the creativity and innovation workshops and Entrepreneurship, in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), he is Professor of Creativity and Innovation (Undergraduate) at UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.

© 2021 Ignacio Alperin

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