Categories
2011 2021 Creativity Creativity / Creatividad Design EN ESPAÑOL Innovation sustainability

Y ahora….la “Fatiga de Zoom”​

(Artículo publicado originalmente en Pulse by Linkedin)

A mi me pasa como a Uds. Estamos cansados y estresados. El encierro, la incertidumbre, las malas noticias por una enfermedad que no terminamos de poner bajo control y encima de todo eso, la necesidad/imposición de trabajar y estudiar desde casa. Esto último se traduce, en muchos casos, en agendas repletas de reuniones por zoom. Esto se extiende hasta para las reuniones familiares, o los “encuentros” con amigos. Zoom es hoy parte de nuestras vidas (algo para lo que no había sido diseñado) y pareciera ser que como sea, y no importa con qué programa lo hagamos – Zoom, Blue Jeans, Facebook, Duo, Webex, etc.- esto va a seguir siendo así, en mayor o menor medida, hacia el futuro.

Por un lado, es una bendición. Podemos trabajar o estudiar sin movernos de casa. Es productivo, porque no perdemos tiempo en viajes, tránsito, estacionamientos, esperas y atrasos (no sé si notaron, pero estamos todos mucho más puntuales desde que utilizamos estas plataformas). Podemos utilizar mejor nuestro tiempo definitivamente, incluyendo que vestirnos para una reunión implica “de la cintura para arriba”. Hoy no es inusual el look el saco y camisa, sobre shorts y zapatillas de correr. En el verano, informal sobre traje de baño es definitivamente el look. En otras palabras, mucho menos trabajo.

Pero no todo es positivo. Desde ya, una encuesta realizada en los EEUU hacia fines del pasado año reveló que la mayoría de la gente que trabajó de manera remota durante 2020 consideraba que, en lugar de trabajar menos, habían agregado al menos 6 horas más de trabajo semanal. Es esa relación entre sentirnos liberados, y darnos cuenta que aparecieron de la nada cadenas que antes no estaban allí.

Pero hay un tema más importante. Lo que se ha dado por denominar “Fatiga de Zoom”. Un año después, ya no nos parece tan divertido como al principio. Nos cuesta concentrarnos, a algunos les cuesta mantener, y por sobre todas las cosas, en general nos estresa de sobremanera. Esto es lo que considera el profesor de Stanford Jeremy Bailenson en un reciente trabajo (“Nonverbal overload: A theoretical argument for the causes of Zoon fatigue” publicado en Technology, Mind and Behaviour). Él agrega que no solamente cansa y estresa. Dice también que afecta nuestro cerebro generando reacciones inusuales entre las que se encuentra esta fatiga tecnológica.

De hecho cataloga algunas causas primordiales para esta reacción. La primera sorprende, pero cuando uno lo piensa mejor, tiene todo el sentido del mundo. Bailenson argumenta que entrar a una reunión por Zoom a las 9 de la mañana activa nuestro sentido de “pelear o volar -o escapar-” (fight or flight en inglés). Esta es una reacción muy normal que tiene todo ser humano ante situaciones de peligro.

Argumenta que si uno a la mañana llega al trabajo y se sube a un ascensor con mucha gente, lo que naturalmente hace es mirar hacia abajo o bien hacia arriba. De esa manera se evita la vista directa y cercana del resto de los ocupantes, algo que de otra manera el cerebro interpretaría como intuitivamente confrontativa. De no ser así, esas miradas fijas dispararían nuestro instinto de “pelear o volar”.

Sin embargo, en una reunión de Zoom, digamos que en el mismo horario, esas miradas son imposibles de evitar. Generalmente estamos frente a 1, 5, o 20 personas que aparentan mirarnos fijamente en la cuadrícula. Y por ende, nos estresamos y muchas veces, o nos ponemos más agresivos que de costumbre, o estamos desesperados por irnos. En otros casos, y para evitar la confrontación, no prestamos atención (que sería el equivalente a mirar hacia abajo). El resultado esencial, es mayor estrés.

Otro tema que nos agota, es el hecho de que se torna muy difícil entender las señales no verbales en una pantalla. En un ámbito social, intuitivamente y por aprendizaje, tenemos una caja de herramientas a disposición que nos permiten “leer” el lugar y las pequeñas diferencias expresivas no verbales que se producen en nuestros interlocutores. En una pantalla se puede hacer mucho de esto, pero requiere de un aprendizaje (la policía de todo el mundo tiene analistas que miran continuamente videos en busca de pequeñas señales no verbales que delaten situaciones). Pero es un hecho que la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a hacerlo, ni contamos con esa formación.

El resultado son enojos injustificados, malas interpretaciones de situaciones inocentes, o inocentes interpretaciones de situaciones poco agradables y por sobre todas las cosas, la necesidad de poner un mayor esfuerzo para armar la “foto” final luego de una reunión. A eso podemos agregar que en el ámbito de la interpretación verbal, hay inconvenientes también. El estudio concluye que la gente habla 15% más fuerte (mayor volumen) cuando interactúa por video que cuando lo hace en persona. Esto es una mezcla de estrés y de temor a no ser escuchado del otro lado. Pero una reunión nos cansa también porque encima de todo lo anterior, a veces sentimos que nos gritaron por 40 minutos.

Otro tema que estresa, aunque el narciso que tenemos adentro sea fuerte, es el hecho de vernos en cámara constantemente. Bailenson dice “imaginen tener una persona que nos sigue todo el día con un espejo”… es algo así. Pero en este caso es algo que se produce como un proceso natural relacionado a cada reunión. Yo tengo la tendencia a apagar la cámara luego de presentarme y prenderla sólo cuando quiero tomar la palabra. Siento que estresa menos a mi interlocutor. Pero es un hecho que en muchos casos, eso no es posible (o bien por respeto, o por reglas como en el colegio o la universidad).

No alt text provided for this image

Está perfectamente comprobado, que dado el estrés que nos generan todas esas caras mirándonos desde la pantalla, otra tendencia para escaparle a la intimidación de todas esas miradas es desviar la vista hacia el cuadradito en el que está nuestra propia imagen y analizar cómo nos vemos. Desde si la sonrisa se ve real, a si esta mañana nos levantamos con más ojeras, o si las arrugas se ven, o si cada vez se nota más que tenemos menos pelo. Cualquiera fuera la razón, el resultado es evitar un estrés para reemplazarlo por otro.

Esta constante autoevaluación de nuestra apariencia -a lo que se le agrega que nos hablamos a nosotros mismos al no mirar a los demás- , es una importante fuente de ansiedad. Está también demostrado por estudios empíricos, que ese estrés es mayor en mujeres que en hombres. De hecho se ha comprobado durante 2020 que ese autoanálisis constante de nuestra imagen es muy contraproducente, particularmente en mujeres con tendencia a la depresión, ya que les prepara el camino para que ésta se haga presente.

Finalmente, pese a que asociamos la posibilidad de hacer reuniones virtuales con la libertad de estar en casa, cómodos y así “deshacernos” de esa reunión mensual lo más rápido posible, en la práctica, este modo de trabajar nos termina generando la sensación de sentirnos atrapados. En una reunión normal, nos movemos, caminamos, nos levantamos y nos sentamos. Físicamente cambiamos el ángulo desde donde presentamos conceptos e ideas. En una reunión virtual, debemos mantenernos dentro de los límites de la cámara y por ende, de la pantalla.

Yo siempre hablo en mis charlas de creatividad, sobre la importancia de caminar, movernos, o como se dice comúnmente, “despejarnos” para poder sacar nuevas ideas. Estas reuniones nos obligan a estar sentados por horas en posiciones muy limitadas por la tecnología. Como mucho movemos las manos o la cabeza. El resultado es frustrante, cansador, y muy poco apto para generar nuevas ideas. Como dice el estudio, este tipo de reuniones están seteadas para no permitirnos pensar por fuera de los límites tradicionales (ni de la pantalla).

Lamentablemente, vamos a seguir así, o en reuniones híbridas, de acá hacia el futuro. Pero es probable que la tecnología empiece a permitirnos algunas libertades (de movimiento para empezar), que hagan más llevadero este proceso. Mientras tanto, e profesor Bailenson tiene algunas recomendaciones en su trabajo también.

Por un lado, recomienda que tratemos de usar una cámara externa en lugar de la cámara de nuestro teléfono o notebook. La idea es vernos desde diferentes ángulos en lugar de simplemente de frente. Ya que estamos, también recomienda colapsar nuestra propia imagen en pantalla, para no vernos y no estar analizándonos minuciosamente todo el tiempo.

No alt text provided for this image

Otra opción que yo les propongo, es hacer lo opuesto a lo que normalmente hacemos. Por lo general, nos hemos acostumbrado a tener un lugar “Zoom”. O sea, un lugar fijo donde presentamos todas nuestras reuniones virtuales. Yo he encontrado que si cambio continuamente el lugar físico en el que me encuentro, cada dos reuniones por ejemplo, enfrento esas reuniones con otra frescura, y nuestros interlocutores también nos ven en una luz diferente, en otro ámbito, desde otro ángulo y con diferente sonido ambiente. Eso renueva lo que se ha vuelto tedioso.

Finalmente el estudio habla de algo tan simple como mezclar el tipo de reuniones. En otras palabras, hacer algunas por teléfono o WhatsApp, y otras por Zoom (o lo que usemos). Las reuniones telefónicas nos permiten caminar y relajarnos. Por lo tanto son mucho más efectivas desde el punto de vista creativo y son más efectivas para cierto tipo de discusiones.

De todos modos, lo importante aquí es comprender que está en nosotros mejorar y superar esta fatiga. Una sensación que, como habrán visto, tiene poco que ver con temas relacionados a las características personales de cada uno. Pero sí tiene raíces en las limitaciones a las que nos hemos visto empujados por las restricciones de una tecnología novedosa para el público en general, y de los requerimientos de una época inusual que ha forzado muchos cambios en nuestras vidas. Cambios que, tal vez, han llegado para quedarse.

I.A.

PD: Y ya que estamos, siempre recuerden esto. En persona, por teléfono, WhatsApp, Zoom o lo que usen para comunicarse…

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.

© 2021 Ignacio Alperin

Categories
2011 2021 Creativity Creativity / Creatividad Design EN ESPAÑOL Innovation sustainability

GOING BANANAS

The technology world was surprised by the news this week that the United States Patent and Trademark Office recently received a bizarre request from Sony Interactive Entertainment Inc. to patent a system in which a banana, amongst other ordinary household objects and food products,  could become PlayStation controllers.

Apparently, and according to the patent, the system comprises of an input unit which can obtain images from non-luminous passive objects which are held by a user, and which once recognized and scanned, can be used as a video game controller.

We are obviously not only talking about bananas. Sony uses one to illustrate the system (see illustration above from Sony´s patent documentation) but other foodstuff could be used, such as oranges or apples for example, held in each hand. The patent anticipates that almost any inanimate object capable of being held in your hand, should work.

The technology, just like some bananas, is still a bit green. But if it should come to fruition, we could be talking about a bunch of options (sorry, I could not help it!) to play games and about the ultimate recyclable game peripheral. In fact, it should make it a lot easier to tell your kids “Ok, you can play for 30 minutes but only if, when you finish, you eat your banana!”.

What do you think?

Until next time.

Ignacio

IA

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.

© 2021 Ignacio Alperin

Categories
2020 2021 Creativity Creativity / Creatividad Design EN ESPAÑOL Exhibitions Innovation jazz previous works by the same artist Promoting your Art REGALAR ARTE sustainability Uncategorized Videos Visual Jazz What is Art

SE LLAMAN TODOS IGUAL, DEBEN SER TODOS LO MISMO

Estas líneas tienen un dejo de mea culpa. Soy una persona que desde hace años investiga los procesos creativos, y de hecho, enseño y hablo sobre la creatividad y la innovación. Uno, inocentemente influenciado por el hecho de estar hablando de estos temas, tal vez pierda noción de lo repetido que pueden ser estos términos, y lo mal utilizados que terminan siendo a medida que se expande su uso dentro de ciertos ámbitos.

Como reconocimiento de esta realidad, desde hace un tiempo incorporé a muchas de mis charlas la graciosa frase “ya me tienen podrido con el tema de la creatividad”. Ese exabrupto – más o menos fidedigno – fue expresado en medio de un aula de posgrado por un ingeniero exitoso a quien, minutos después, descubrimos que la empresa para la que trabajaba como Director de Producción le reclamaba cambiar y ser más “creativo”. Estas exigencias son tan amplias que muchas veces se pierde la noción de lo que nos quieren decir. Y es verdad que cuando todo se expresa de la misma manera, es probable que pierda relativo valor e importancia su significado.

Volviendo al caso de mi alumno, con quien luego de su momentánea descarga emocional, terminamos todos riéndonos -y de hecho al finalizar el curso me pidió más libros para leer-, yo puedo entender parte de esa frustración. Es algo más común en posgrados que en otras circunstancias porque estamos hablando de personas relativamente exitosas que sienten que su éxito se lo deben a su esfuerzo, y a haber trabajado de una cierta manera. Pero de golpe, se encuentran con que un día alguien le empieza a exigir cambios para seguir creciendo. Y muchas veces, no entienden por qué. Después de todo, su método es el que los llevó a ese lugar de liderazgo que los elevó por encima de otros colegas suyos.

Explicando este sentimiento desde un lugar facil de entender, digamos que muchos profesionales se sienten como dentro de una de esas relaciones en la que dos personas se enamoran perdidamente y todo parece maravilloso, hasta que pasado un tiempo, uno de los dos empieza a pedirle al otro que sea diferente y que cambie. Y el otro de golpe piensa, “No entiendo nada. Se enamoró de mi porque yo era así, y yo no soy asá. Para eso se hubiese casado con otro”.

La palabra creatividad implica muchas cosas, lo mismo que ser creativo. Y es cierto que no todos nos sentimos capaces de explorar nuestros dones libremente. Pero hasta quienes sienten, por opción o educación, cierta invalidez creativa (son muchos, producto de teorías que han probado ser erróneas), descubrirán que trabajando estos temas de manera enfocada pueden lograr ser mucho más flexibles, ingeniosos, productivos, y – si me permiten- mucho más innovadores de lo que jamás hubiesen imaginado.

Una situación parecida es la que ocurre con el término innovación. De hecho, la vida es un proceso innovador por definición, y esas modificaciones constantes en nuestra manera de hacer y vivir las cosas, las hacemos todos conciente o inconscientemente. Pero está claro que ya existe una especie de cansancio en los ámbitos profesionales donde manejamos estas terminologías debido a su repetición constante. Y de hecho, en la actualidad ya contamos con mediciones sobre el stress -y la rebeldía – que generan dentro de las organizaciones exigir a sus miembros creatividad, y por sobre todo, que sean innovadores.

Para empezar, esto no debiera sorprendernos. Los seres humanos encontramos tranquilidad y confianza cuando hacemos algo que ya hemos hecho. El cerebro se resiste a lo distinto hasta que pueda verificar que es “seguro”, que es positivo, que implica una mejoría, o que produce un resultado placentero o beneficioso. Y eso se obtiene con la repetición. Lo nuevo es un camino desconocido, aunque sea parcialmente. Y por esa razón, es que nos cuesta tanto a todos cambiar, sin importar el rubro o el ámbito.

Pero también podemos decir, que el hecho de describir muchas cosas de la misma manera, no implica de por sí que todo sea lo mismo. Pueden existir aristas con similitudes entre ellas, pero en la práctica podemos evitar ese cansancio y esa resistencia al cambio, si paradójicamente, somos nosotros -quines tenemos muchas veces la responsabilidad de liderar estos procesos- los que cambiamos, evolucionamos, corregimos, repensamos los términos, y tratamos de salir de estos lugares comunes.

Hace un tiempo escribí un artículo publicado en Pulse/Linkedin y en mi Blog personal (www.theartofthinkingoutloud.com) sobre la importancia de las palabras y cómo éstas afectan nuestra realidad (https://www.linkedin.com/pulse/sobre-las-palabras-afectan-nuestra-realidad-ignacio-alper%C3%ADn-bruvera/ ). En ese pequeño artículo dedicado a la pandemia, hablaba del peso propio y del valor psicológico que tiene un nombre, y de hecho invitaba a sacarle la importancia (yo proponía allí sacarle la “corona”) al coronavirus, y llamarlo por el nombre científico que le dimos los seres humanos, que es Covid -19, como una manera de ponerlo bajo nuestro relativo control.

Aquí sucede algo parecido. Hay datos que corroboran que la palabra innovación genera hoy reluctancia, no solo la conocida que afecta a los consumidores a quienes les cuesta adaptarse a lo nuevo, sino también internamente afectando la eficiencia y la flexibilidad dentro de muchas organizaciones. Este efecto no se produce por lo que implica, sino porque es tan amplio que genera stress por el simple hecho de preguntarse “Y ahora con qué se vienen?”. Para peor, la intención puede ser tan revolucionaria como encontrar una nueva manera de hacer nuestro trabajo, hasta algo tan trivial como ordenar los “breaks” para poder utilizar mejor nuestro tiempo (Ver “Forced” adoption of innovations in organizations: Consequences and implications – ScienceDirect).

Otra de las principales razones por la que la palabra innovación ha ido generando oposición y temor organizacional, es que innovar implica transformar. Y como mencioné anteriormente, cambiar es algo que nos cuesta a todos. Pero cambiar dentro de una empresa por ejemplo, a diferencia de elegir si dejo de comprar helado de chocolate como siempre y me juego a probar el de Malbec, implica tomar un riesgo mucho mayor porque es un riesgo que puede afectar a otros. Por ende, el tomarlo es jugarse a quedar en ridículo delante de otros si la apuesta sale mal. Y eso es algo que le cuesta tanto a una gran corporación, como a un gobierno o a un club de futbol, y ni hablar lo que complica a un individuo a quien una decisión mal tomada puede costarle la carrera, o al menos la posibilidad de crecer dentro de una empresa a mayor velocidad.

Hay cifras de diferentes fuentes que corroboran esto, pero digamos que un promedio aproximado de los estudios realizados sobre el tema, hablan de una limitada voluntad de los empleados de empresas a tomar riesgos. Entre un 75% a un 80% de las personas que trabajan dentro de estructuras corporativas en empresas del primer mundo – que están entre las más innovadoras del planeta- le escapan a los riesgos, y por ende, podemos asumir que a las propuestas innovadoras. Y en empresas más conservadoras, esas cifras pueden llegar a casi el 90% del personal.

Esto no es nuevo. Un “running joke” (un chiste que se repetía a menudo) en la clásica comedia británica de los ´80 Yes, Minister (luego Yes, Prime Minister) pasaba por el personaje de Sir Humphrey Appelby (el secretario administrativo cuyo rol principal era operar para que nada cambiara), sugiriéndole al Ministro (PM luego) James Hacker, que la decisión novedosa que estaba por tomar era “valiente” (corageous). Eso desataba siempre un desopilante intercambio, mientras Hacker entraba en pánico, y como resultado se desdecía de su corajuda decisión para tranquilidad del representante de la burocracia estatal.

De allí que se me ocurrió que tal vez, y como sugiriera con el Covid-19, una manera de suavizar esta resistencia podría pasar por mejorar nuestras descripciones y asociarlas a temas más positivos, que presagien ganancia en lugar de riesgo. Desde ya no hablo simplemente de semántica. Hablo de tomarnos el trabajo de describir acertadamente lo que necesitamos hacer, o lo que buscamos que suceda, y enmarcarlo correctamente.

Esto implica más trabajo, porque deberemos hablar en términos que no utilicen la “innovación” como simple muletilla, y explicar lo que buscamos dentro de un lenguaje claro, pero específico de la industria y que se acomode a un contexto de progreso natural, y por ende, beneficioso.

A primera vista parece que solo aplicamos un barniz, pero en la práctica, referirnos a estos temas con justeza y hablar del cambio, y de la innovación, dentro de un contexto más conocido por nuestro público -y más compartido por nuestra industria u otras industrias (preferentemente exitosas)-, es clave a la hora de vencer resistencias.

Podemos, por ejemplo, hablar de conceptos relacionados a adaptarnos a nuevas exigencias de un mercado, a ser más estratégicos, a pensar por fuera de los modelos tradicionales con el fin de generar crecimiento, premiar la propuesta de ideas nuevas, y proponer que queremos seguir creciendo, mejorando, y avanzando. Un lenguaje más descriptivo dejará en claro lo que buscamos con esas modificaciones, que en general será prosperar, y alejará temores al reto de soñar con algo nuevo.

Mientras que cuando solo hablamos de innovación como expresión general y envolvente, estamos sobre utilizando una terminología válida, pero en esas condiciones, mayormente desprendida de valor, que deja muchos espacios sin cubrir. Eso implica sendas oscuras y desconocidas que pueden llevar consigo algún peligro para quienes reciben el mensaje, y por lo tanto, van generar un intuitivo rechazo en muchos.

La innovación tiene su lugar, así como una función primordial, en un mundo que fluye constantemente. Desde ya que nunca dejaremos de hablar de ella, ni de buscarla de diferentes maneras. Pero si lo que queremos es progresar y vencer resistencias, debemos reinventarnos (otra manera de hablar de innovación) de manera constante.

Cuanto más fácilmente logremos incorporar procesos creativos que nos permitan fluir naturalmente hacia modelos más eficientes de nuestro negocio -y que involucren a quienes trabajan con nosotros-, mejores serán nuestras perspectivas de un futuro mejor. Para lograrlo, esos métodos deberán entonces estar mejor enfocados, deberán ser más inclusivos, y estar definitivamente ligados -y comprendidos en general- como conceptos y propuestas coadyuvantes del bienestar general, y de todos los involucrados en ambos lados del mostrador.

IA

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.

© 2021 Ignacio Alperin

Categories
2020 2021 Creativity Creativity / Creatividad Design EN ESPAÑOL Exhibitions Innovation jazz previous works by the same artist Promoting your Art REGALAR ARTE sustainability Uncategorized Videos Visual Jazz What is Art

CUANDO ESCUCHAR COLORES ES PARTE DE TODO

Yo empecé a pintar a los 12 años. Y quiero decir que antes dibujaba y pintaba como cualquier otro chico, pero alrededor de esa edad decidí “PINTAR”. Me compraron óleos y mi primera pintura fue la imagen de la Iglesia donde íbamos a Misa todos los domingos. Hasta hace un tiempo todavía la conservaba, aunque numerosas mudanzas (a la fecha voy por la 32…) puede haber hecho que esa pintura lamentablemente quedara en el camino en algún lado.

 

En esa época, mi inspiración y mis ganas de pintar se debían al hecho de que mis padres me habían llevado a visitar los principales museos de Europa, y como ocurre muchas veces cuando somos chicos, eso genera un arrebato entre lúdico y artístico que nos lanza sobre un papel o si tenemos suerte, sobre un lienzo, y nos invita a pintar sin complejos. Volví admirado y con la cabeza dada vuelta entre los Picasso, Van Gogh, Kandinsky, Leonardo, y los Pollock, los Rothko, y todo ese arte y creatividad que me cambiaron la manera de ver la vida para siempre.

 

Ya pasó un tiempito (digamos) desde esa época. El mantener a ese niño siempre vivo dentro nuestro es uno de los mandatos del artista, por qué esa libertad y toda esa falta de condicionamientos que tenemos de chicos, si se mantiene en el tiempo, es en gran parte lo que nos permite motorizar la exploración que nos va a llevar un poco más lejos cada vez.

 

 

Yo crecía y pintaba acompañado por mucha música (y muy fuerte). Todavía puedo escuchar los gritos de mi madre (y las quejas del vecino de abajo). En esa época, ya vivíamos en Australia y en un primer piso de una casa Victoriana del barrio de Toorak, en Melbourne. Como muchas de esas casas antiguas, tenía pisos de madera, y cada paso -por más amortiguación que uno buscara con alfombras- se escuchaba abajo. Imaginen lo que sería para el pobre vecino el saxo de John Coltrane a todo volumen y a cualquier hora del día. Perdón Thomas! (dicen que nunca es tarde para pedir perdón…).

 

Años después, a medida que mi obra se hacía un poquito más conocida, me empezaron a preguntar si me gustaba mucho Wassily Kandinsky (artista ruso que se graduó de genio en Paris) porque mi obra tenía aparentemente ciertas reminiscencias de su trabajo, particularmente algunas formas y colores.

 

Confieso que por un lado me llenaba de orgullo que alguien pensara en Kandinsky cuando miraba mi obra, pero al mismo tiempo -y muchos de Uds. lo van a comprender- me daba bronca, porque sentía que me preguntaban si yo lo copiaba. Lo admiraba (y lo admiro), pero no lo copiaba. Igualmente nunca renegué de mi admiración por él, y hasta pensé en algún momento que inconscientemente tal vez había cosas que me inspiraban de su obra, y de allí nacía esta similitud que generaba estas preguntas.

 

Desde ya era alguien que tenía algunas características parecidas a las mías. Los dos -extrañamente para artistas- estudiamos abogacía, nos gustaba el dibujo arquitectónico, nos metimos en diseño gráfico, y ambos nos dedicamos profesionalmente a la pintura bastante tarde en la vida – ya casi entrando en los 30-. Nos separaban décadas de existencia. Pero fue hace unos años que descubrí el otro punto de contacto que teníamos con mi “amigo” Wassily.

 

 

Él siempre decía que pintaba la música que escuchaba. Con los años los médicos entendieron que lo que él quería decir era que era sinestésico, ese regalito que nos da la naturaleza a algunos (unos cuantos en realidad porque se calcula que al menos hay entre un 3% y un 4% de la población del planeta que lo experimenta). Esta condición neuronal permite generar experiencias sensoriales a través del sonido. A algunos les produce sabores (las palabras tienen gustos definidos),  y a otros,  “ver mentalmente” formas y colores a través de los sonidos. Resultó ser el caso, que yo descubro que también era sinestésico, y que entonces esos colores y algunas de esas formas que teníamos en común, se podían explicar perfectamente como producto de nuestra sinestesia compartida. En inglés un abogado diría “we found the smoking gun” (encontramos el arma humeante).

 

Esa capacidad nos permite poder ver más allá de lo visible. Demás está decir que las capacidades visuales humanas son limitadas, pero ver el sonido se acerca más a algo que le asignaríamos a los hoy en día tan vapuleados murciélagos. Pero no es eso lo que vemos, no es un radar lo que tenemos. Es un generador de formas y colores asociado particularmente a ciertos sonidos que, muy comúnmente, son musicales. En mi caso, esto llevó a un conocido medio norteamericano a  que me hiciera una nota muy simpática sobre una muestra que estaba realizando, y la titulara “A painter gifted with the art of listening” (Un artista con el don del arte de escuchar) – A painter gifted with the art of listening | Naples Florida Weekly -.

 

Y por lo que veo es un tema que siempre apasiona porque ahora me entero gracias a la divina de mi querida amiga Fernanda Akian, que La Nación acaba de publicar un excelente artículo sobre Kandinsky y su capacidad de “ver” la música. Y que Google ha lanzado un experimento para ver si cualquiera, a través de una aplicación experimental, puede atar de alguna manera lo que escuchaba Kandinsky con su obra.

 

Claramente, es un tema recurrente. Yo ya hace 5 años, y en esa muestra que se menciona en el artículo y que hice en la Florida, comencé a colocar al lado de cada una de mis obras, un código QR con un link que permite escuchar el tema que más inspiró cada obra, y esa inspiración también queda plasmada en el título de cada cuadro lleva el nombre del tema que más la influenció.

 

En esa ocasión, como en otras, el resultado fue maravilloso, ya que la gente venía a ver la muestra que era grande (unas 45 obras y algunas de gran porte), y luego volvían, a veces más de una vez, con un teléfono y auriculares en mano a pasar una o dos horas junto a mí obra escuchando los temas, e intentando ver qué les pasaba cuando escuchaban la música y exploraban lo que yo había pintado. La experiencia fue maravillosa. Y el feedback del público fue una gran sorpresa, ya que algunos descubrieron que, tal vez, ellos también eran sinestésicos pero nunca se habían dado cuenta.

 

Desde ya, que no tengo los recursos de Google, pero voy a intentar hacer algo parecido a través de las redes. Iré generando cortos videos de cada obra y como fondo, el tema que la inspiró. Me encantaría que los vean (y escuchen) y que me cuenten qué es lo que ustedes sienten al experimentar esa combinación de imágenes y sonidos. Espero que les guste y que los compartan con sus amigos.

 

Mientras tanto, los dejo con el link al experimento de Google para que ustedes lo disfruten y vean que les pasa: https://artsandculture.google.com/experiment/sgF5ivv105ukhA 

 

Abrazo y hasta la próxima.

 

IA

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is a Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, change evangelist, and an artist.

© 2021 Ignacio Alperin

 

Categories
2020 2021 Creativity Creativity / Creatividad Design Exhibitions IN ENGLISH Innovation Promoting your Art sustainability Uncategorized Videos

UNA REFLEXIÓN PARA COMENZAR UN NUEVO AÑO

(Para los que no llegaron a leerla, va nuevamente mi reflexión de 2019, que sigue teniendo vigencia)

“A medida que avanza la vida, uno de los mayores desafíos que todos enfrentamos a nivel personal, es el de aprender a equilibrar nuestras vidas personales con los objetivos y las presiones generadas por el entorno laboral.

Todo es muy competitivo. Incluso, aunque tengamos la suerte de contar con un trabajo seguro y que nos satisfaga, las presiones, las limitaciones de tiempo, los plazos y la necesidad de producir y obtener ganancias, o de obtener resultados u objetivos, ocupan un lugar muy importante en nuestras mentes.

Tal vez no sabías esto, pero alrededor de 186,000 personas no van a estar mañana en el mundo (ese es el promedio aproximado de personas que fallecen todos los días en nuestro planeta según cifras oficiales). Sí, es el viejo dicho de “hoy aquí, mañana quién sabe dónde”. Tan simple como eso (desde un lugar positivo, digamos también que nacen alrededor de 256,000 bebés en el mundo todos los días).

Pero además de lo revelador que significa considerar nuestra propia finitud, también es una oportunidad para preguntarnos acerca de nuestra propia felicidad, de nuestros propios objetivos, y de cómo actuamos para mejorar la vida de las personas con las que nos cruzamos en la vida, y por que no, de todo lo que nos rodea.

Siempre es una buena idea preguntarnos durante el día (y tal vez no al final del día, como es muy común que se nos sugiera, porque cuando ya pasó todo es muchas veces tarde como para hacer algo al respecto), ¿qué diferencia estoy haciendo hoy en mi vida y en la de otros? ¿Qué diferencia hago yo como parte de mi grupo familiar, de mi red social, de mi club, de una organización, de una empresa, de mi país…en definitiva, qué agrego yo como miembro de la raza humana?

C. S. Lewis dijo algo así como que “no conocemos personas comunes en nuestras vidas”. Siempre hay razones por las que debemos cruzarnos con quien sea que esté ahí rondando en nuestro futuro (y habrá buenas y malas razones). Pero nada de lo que nos ocurre es meramente casual, y esa conexión de todos con todo implica una responsabilidad mucho más amplia que la individual.

Es por eso, que llegando al fin de otro año, un año definitivamente difícil y diferente, este sea tal vez un buen momento para pensar en el hoy, en el ayer (desde un minuto atrás hasta años atrás si es necesario), y por qué no en el mañana, y tal vez preguntarnos con honestidad intelectual a cuántas personas con las que nos cruzamos todos los días en nuestra vida le hemos dicho “Buen trabajo!”, “¡Sí, puedes hacerlo!”, “¡Sos una genia!”, o simplemente “Lo harás mejor la próxima vez, sigue así”.

Y ya que estamos, pensemos a cuántos hemos maltratado, o de cuantos nos hemos aprovechado, o a quienes hemos simplemente ignorado.

¿A cuántos en nuestro círculo familiar, personal y social le hemos dicho hoy un sentido “Te amo”, “Te quiero”, “Te voy a extrañar”, “Te perdono”, o “No te preocupes, las cosas mejorarán”, e incluso mejor, “¿Qué puedo hacer para ayudarte? “, o “Qué necesitas“.

La vida es demasiado corta, y debido a que necesitamos consumir cosas (y antes de que alguien me acuse de algo, aclaro que no tiene nada de malo adquirir todos los bienes que nos ayuden a llevar una vida mejor y más cómoda), terminamos corriendo alrededor de nuestras propias urgencias de corto plazo, y como resultado muchas veces olvidamos gran parte de lo que es verdaderamente importante.

Es un hecho que nos han vendido una especie de inmortalidad barata, o por lo menos, una idea de que solo disfrutemos el hoy, y si no, igualmente podremos esperar hasta un supuesto mañana, donde ya tendremos tiempo para hacerlo, proponerlo, decirlo, decidirlo, o actuarlo. No hay apuro.

El gran Pablo Picasso dijo una vez, “Deja sólo hasta mañana aquello que estés dispuesto a morir sin haber hecho.” Con eso en mente, creo que la idea se destila sola.

Por eso mi sugerencia, en esta época en la que naturalmente tendemos a hacer un balance, es que nos detengamos un instante, y pensemos, tratemos de sentir, intentemos ser todavía mejores de lo que ya somos, seamos todavía más solidarios, amables con los demás, incusive los invito a sonreir con más frecuencia (que de paso ayuda a producir feromonas que mejoran nuestro semblante y son buenas para el corazón), y lo que es más importante, los convoco a que se unan a los que estamos intentando pensar un poco más en términos de un incluyente “NOSOTROS” y un poco menos en el siempre presente “YO”.

Les aseguro que, como obvio resultado, la vida cambiará y prosperará para todos los que formen parte de sus vidas, no solo para Uds..

Con esa propuesta en mano, y con la congoja que nos envuelve habiendo pasado el primer año de esta pandemia, les deseo a todos salud, amor, y por sobre todas las cosas, que la solidaridad, el cuidado y el esfuerzo nos permita generar un gran 2021!

I.A.

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is the Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.

©2019 by Ignacio Alperin

Categories
2020 Creativity Creativity / Creatividad Design EN ESPAÑOL Exhibitions Innovation jazz previous works by the same artist Promoting your Art REGALAR ARTE sustainability Uncategorized Videos Visual Jazz What is Art

EL ARTE DE CAMINAR EN UNA TORMENTA DE OPCIONES

Taylor Wilson, el norteamericano que a los 14 años se convirtió en la persona más joven de la historia en crear de cero un reactor nuclear por fusión, contestó ante una pregunta periodística: “tengo demasiadas ideas para una sola vida”.

 

No necesitamos ser genios para sentir que nuestras ideas son tantas que nos es imposible manejarlas, y es frecuente que concretarlas sea todavía más dificultoso. Lo que comenzó como “la genial idea”, termina muy seguido en la frustración de no poder avanzar sobre ella. ¿Por qué nos pasa esto y cómo lo resolvemos?

 

La explicación puede estar en manos de la psicología. Sheena Iyengar, psicóloga y profesora de la Universidad de Columbia, encontró hace años una de las razones. En su investigación, Iyengar buscaba averiguar si al incrementar las opciones de inversión que se le ofrecía a un grupo de empleados en relación con sus fondos de retiro voluntarios, se conseguiría incrementar también la cantidad de participantes. Como ya imaginarán, la respuesta fue contraintuitiva. Por cada 10 opciones nuevas que se agregaban al mix, la participación bajaba en un 2%. Este efecto se denominó “la paradoja de la elección” que afirma que cuantas más opciones tengamos, menor será nuestra actividad. Sería razonable inferir entonces en otro contexto, que cuantas más ideas generemos probablemente menos hagamos.

 

¿Pero es esta la única razón por la que no somos capaces de terminar lo que empezamos? Seguramente no. Una combinación de factores que también incluyen la falta de tiempo y energía, y el exceso de presiones, nos abruman y nos llevan muy seguido por el camino de la procrastinación. ¿Qué podemos hacer entonces para evitarlo y transitar exitosamente la tormenta de ideas y opciones?

 

Vayamos a lo más básico. Yo opto por empezar por respirar muy profundamente, y dejar de lado lo que estoy haciendo, mientras exploro aquel ritual personal de música, calma o disfrute que me permita salir de ese espacio de presión. A continuación, utilizo un método no tecnológico para ordenar las ideas. Una pizarra, o lápiz y papel es todo lo necesario para comenzar a anotar, por orden de llegada a la memoria, la lista de ideas o temas pendientes mientras abro cada tema y anoto las opciones de cada una hasta generar un “mapa” de mis ideas y proyectos.

 

El siguiente paso es el temporal. A diferencia de los proyectos para terceros, la experiencia indica que la mayoría de los proyectos personales tienen fecha difusa de terminación, y sólo se terminan cuando logramos resolverlos o archivarlos. Y allí está gran parte de nuestro problema. En La Ley de Parkinson (1955), C. N. Parkinson desarrolla la hipótesis de que el tiempo actúa de manera muy similar a un gas. Está basada en la ley que indica que todo elemento gaseoso se expande hasta ocupar la totalidad del volumen que se le haya asignado. En otras palabras, si tenemos 5 minutos para resolver un problema, nos tomará 5 minutos y si al mismo problema le asignamos 24 horas, la resolución demandará 24 horas. Extrapolen esto a un proyecto sin fecha de cierre, y ya comprendieron hacia donde nos lleva esta lógica.

 

La solución aquí es subdividir en etapas o mini proyectos un trabajo en particular, y asignarle plazos cortos y definidos para resolverlos. Con la práctica, este método se convertirá en un gran aliado a la hora de salir de la procrastinación.

 

Dos factores más son efectivos para optimizar esos procesos. En primer lugar, además de tener los ojos bien abiertos y ver las señales que nos pone el camino, muchas veces ante señales confusas es más importante seguir nuestra intuición. En “Pestañea: El poder de pensar sin pensar” Malcolm Gladwell, argumenta por 482 páginas a favor de las decisiones intuitivas y rápidas vs. las decisiones muy planeadas. Queda claro que a lo que se refiere como intuición, encapsula en este caso también conceptos como la experiencia, responsabilidad, conceptos sociológicos y culturales, y la ética.

 

Por otro lado, acostumbrarse a terminar las cosas es un ejercicio que requiere de práctica. Les propongo un método simple y alejado del escritorio. Yo aprendí el hábito de finalizar lo que comienzo de la mano del deporte individual. Aquí la clave no es hacer ejercicio sino proponernos objetivos y cumplirlos. Podemos comenzar por metas cortas y luego ir avanzando hacia algo más ambicioso. Si me propuse correr 10 km, voy a correr los 10 aunque los últimos 2 km los tenga que hacer caminando. Finalizar lo propuesto acomoda los procesos neuronales e imparte una orden generalizada que indica que cuando yo me proponga un objetivo, ese objetivo debe ser cumplido. Eso es programación neuronal y emocional y se trata de un esfuerzo que tiene premio. El deporte genera un enorme flujo de endorfinas lo cual ayuda a enraizar el hábito.

 

El resultado de todo esto será que, sin importar lo nos propongamos, lograremos cumplir con nuestros objetivos y concretar ideas, porque habremos elegido reeducarnos en el arte y en el hábito de terminar lo que comenzamos.

 

IA

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.

Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is a Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, change evangelist, and an artist.

© 2020 Ignacio Alperin

Categories
2019 Creativity Creativity / Creatividad Design Exhibitions IN ENGLISH Innovation Promoting your Art sustainability Uncategorized Videos

Un virus que también ataca nuestros debilitados liderazgos positivos a nivel global

Como todos sabemos, hay una nueva realidad en el mundo. La vida tiende a descolocarnos muchas veces, y lo que podría haber parecido normal y razonable hace meses o semanas, puede sentirse rápidamente fuera de lugar hoy.
Siempre escribo sobre la importancia de comprender la rapidez con la que está cambiando todo. Y como debemos ser más creativos, innovadores, abiertos, flexibles, y hambrientos de conocimiento, para estar mejor preparados a montar esta ola que se mueve a gran velocidad.

Sin embargo, y como sucede con cualquiera de nosotros, el cambio llegó incluso más rápido de lo que predije, y terminó dejando mis pensamientos agotados mientras intentan ponerse a la par de una acelerada realidad.
Y entonces, aquí estoy. Enfrentando como muchos, la actualidad como un enigma, mientras visualizo un horizonte repleto de signos de interrogación.

No es que lo que está sucediendo con este evento de proporciones pandémicas sea inesperado. Bill Gates, en su charla TED de 2015, ya dijo que la energía nuclear no debería ser nuestra preocupación más apremiante. Los virus deberían ocupar ese lugar, y advirtió que habíamos hecho muy poco – y malgastado mucho dinero- en las últimas décadas en comparación con lo que podríamos haber hecho.

Poco tiempo antes, expertos de la Universidad de Edimburgo habían ya identificado 37 virus zoonóticos (incluidos algunos coronavirus como MERS) que tenían el potencial de convertirse en epidemias globales. Mientras en 2014, el entonces presidente Barack Obama ya había dicho que tal vez en 4 o 5 años estuviésemos enfrentando una pandemia (en ese momento su preocupación era el ébola), y que debíamos prepararnos. Esto solo por mencionar 2 o 3 de las decenas de trabajos, estudios y discursos que sobre el tema se han presentado en los últimos 20 años al menos.

Sin pretender minimizar lo acertado de las oportunas advertencias de Gates, Obama, y otros, es un hecho que los virus de proporciones pandémicas han causado pérdidas masivas (tanto en términos de vidas como a la economía mundial) a lo largo de la historia.

Desde la peste negra, que acabó con aproximadamente 200 millones de personas en el Siglo XIV (o aproximadamente la mitad de la presunta población del planeta en ese momento), pasando por la viruela y la mal llamada gripe española con más de 50 millones de muertes cada una, el HIV/SIDA con aproximadamente 35 millones de muertes hasta la fecha, pasando por las gripes asiáticas, rusa y de Hong Kong, la fiebre amarilla, la malaria, el ébola, el cólera, MERS y SARS, solo por mencionar algunas, la civilización ha estado siempre jaqueada por los más pequeño de nuestros enemigos.

Lo que parece ser tan preocupante de este brote de Covid-19, es que en esta era de grandes avances tecnológicos, comunicaciones veloces y masivas, inteligencia artificial, y bienestar general, los gobiernos y dirigencias de nuestro planeta hayan sido sorprendidos por el mismo tipo de tormenta que, por experiencia compartida, sabemos que siempre se está gestando, y finalmente descargándose de alguna manera sobre nosotros.

Es como si las diferentes epidemias que nos han afectado en los últimos 70 años en particular (gripe asiática, VIH/SIDA, gripe de Hong Kong, ébola, MERS, H1N1 y SARS) no nos hayan enseñado lo suficiente sobre la importancia de estar atentos, de estar preparados, sobre la importancia de fomentar la investigación mundial compartida sobre la creación de vacunas totales contra enfermedades ya conocidas como la influenza, las generadas por el coronavirus, y el cáncer, por ejemplo, y sobre la propagación y la enseñanza constante de reglas básicas de higiene pública e individual, que no son otra cosa que el producto combinado de la experiencia humana durante siglos.

Como sociedades, pareciéramos estar actuando de manera espasmódica, en el mejor de los casos. Y aunque tengamos éxito en detener esta pandemia, algo que descuento y espero que ocurra antes que después, genera dudas -considerando otras experiencias recientes- pensar que esta vez sí logremos aprender la lección principal que un evento de estas características nos enseña, y que en cambio, terminemos retornando a nuestro “normalidad”, y gastando nuestro exceso de riqueza en inversiones que pueden no ser tan importantes, como sí lo es, nuestra viabilidad futura como especie.

Como agregado a este mix de decisiones desacertadas y desatenciones varias, podemos agregar en las últimas semanas que gobiernos y gobernantes de diferentes partes del mundo, presionados por las obvias consecuencias económicas de una situación así, hayan decidido, en muchos casos, terminar con la pandemia por medio de decretos, leyes, y ordenanzas. Y nosotros en muchos casos, hemos obedecido, como si un virus se tomara el “finde”, no fuera a la playa, o solo saliera en horarios predeterminados.

Cuando nos fijamos en lo que está sucediendo hoy en día, más nuestra experiencia reciente en eventos similares, y lo que nos han enseñado y hemos aprendido en gestión de organizaciones y de crisis, una palabra se me presenta como el hilo conductor de todos estos síntomas y falencias que estamos describiendo.

Y la palabra es… liderazgo.

Los hechos que enfrentamos, parecieran apuntar, entre otras cosas, a una importante falla común en lo que respecta a nuestra adaptabilidad al futuro (future learning), y a la conducción colaborativa y efectiva en estos casos.
En el ámbito de la política particularmente, pero también en la actividad privada, se le da demasiada importancia a lo que es urgente, a veces con un cierto grado de razonabilidad y otras simplemente respondiendo a las urgencias electorales o accionarias, de humor social puntual, o a lo que tiene sentido para nuestro bienestar material financiero de corto plazo, mientras relegamos muchas decisiones que tienen mucho que ver con nuestra subsistencia a largo plazo.

Si hay algo que los humanos somos como especie, es resilientes y creativos. Pero para llegar a eso, debemos garantizar de alguna manera y en la medida de lo posible, nuestra supervivencia como civilización.

El liderazgo es una cualidad tanto innata como aprendida. No todos tienen la capacidad de liderar, ni la inclinación a tomar esa responsabilidad. E incluso, pese a que tuviesen dicha inclinación, la idea de liderazgo es tan cambiante como la realidad, y de hecho, ha significado muchas cosas diferentes a lo largo de la historia. En mi caso, y como una parte pequeña de un MBA como el de la Escuela de Negocios de Universidad Católica Argentina, siento que estos temas forman parte de nuestro día a día, y es por eso que me incitan a la reflexión.

Tal vez muchos de Uds. ya lo sepan, pero la primera Escuela de Negocios se creó en la Universidad de Pennsylvania (Wharton, en 1881). En 1900, Tuck se forma en Dartmouth, mientras que en 1908, Harvard entra a la escena enseñando a su primera camada técnicas basadas en la gestión científica de Taylor. Pero es en 1930, que Sloan presenta su primer programa de “Gestión y Liderazgo”, combinando conocimientos, y marcando el camino hacia lo que se convertiría en una parte esencial de todos los programas modernos de MBA .

Hoy en día, una parte medular de la experiencia de aprendizaje en un MBA, combina la gestión, la creatividad, la innovación, el trabajo en equipo, con herramientas financieras, y con una comprensión profunda y mutante del papel del liderazgo, a medida que recopilamos la experiencia que nos han brindado los últimos 90 años de enseñanza e investigación.

Visto desde este punto de vista, y a la luz de la descripción general de nuestra situación actual, a uno se le ocurre que tal vez sería una buena idea que en el futuro, nos propongamos elegir dirigentes (particularmente en términos de lo público en este caso) que, no solo aparenten tener respeto por la ética, el bien común, y el correcto desempeño de sus funciones específicas, sino que posean las herramientas -provengan estas de un MBA, una formación superior similar, o de una experiencia personal alternativa aunque no haya título presente- que los equipe con el conocimiento requerido para administrar los bienes públicos o privados, y para liderar en un mundo tan complejo y cambiante.

Y en ese sentido, siento que un MBA, sin importar cuál sea nuestra profesión inicial, es una forma de agregar conocimiento sobre gestión, sobre marketing, sobre trabajo en equipo, sobre preneurship, sobre pensamiento creativo e innovador y sobre el verdadero liderazgo del siglo XXI, que de otro modo no los podríamos obtener en tan poco tiempo, y si eso fuera posible, en muy pocos lugares.

Pero inclusive, más allá de un posgrado en particular o nuestro grado de educación específica, queda claro que hasta no hace mucho (fines del siglo XX), y siguiendo con la idea de la mutación constante del concepto, el liderazgo implicaba algo muy diferente a lo que significa hoy.

Tradicionalmente, se basaba en una inspiración heroica. El líder era un experto que guiaba a todos como un general mueve a sus tropas a conquistar el próximo objetivo. Él o ella, eran especialistas que se destacaban por ser predecibles, audaces cuando era necesario, y se concentraban exitosamente en la obtención de resultados.

Hoy, todavía necesitamos resultados, eso no ha cambiado. Y ser audaz sigue siendo una cualidad buscada. Pero la forma en la que debemos actuar, en general, ha cambiado dramáticamente. Nuestro papel ahora es reunir, inspirar, y administrar equipos cuyos propósitos sean los de fomentar ciclos de crecimiento.

El líder ya no es necesariamente “el” experto, sino alguien con un conocimiento general de las actividades, con fuertes habilidades creativas y dominio de la gestión de equipos, que le permitan a él o ella liderar a través de diferentes y diversos espacios, sin perder nunca el propósito y ni los valores centrales de la organización, cuidando sus assets (humanos y técnicos), mientras facilita la planificación de la próxima ola, y se da el permiso de “ver” el futuro de su negocio y de la sociedad en general.

Por lo tanto, lo urgente tiene un lugar, pero la sostenibilidad y el crecimiento orgánico son igualmente importantes. Formar equipos que puedan trabajar de manera independiente, creativa, innovadora, con urgencia empresarial, y al mismo tiempo vinculados al propósito común de la organización, también forma parte del conjunto de habilidades.
No hay un solo título profesional que nos facilite estas cualidades y conocimientos. El ejemplo de la crisis actual basta para demostrar nuestras falencias decisorias.

De allí la urgente necesidad de continuar aprendiendo. Y es en esos momentos, que las cualidades de liderazgo y conocimiento deben asimilar muchos de los atributos que parecen faltar con tanta frecuencia en nuestros niveles dirigenciales, tanto en la actividad pública como privada.

Para lograr esto, un líder del Siglo XXI debería tener el ADN de un Miguel Ángel, el conocimiento estructurado de un científico, y la visión del futuro que le dé coherencia a un entorno en constante cambio. Pero nada de lo mencionado hasta ahora funcionaría, si no promoviéramos también un verdadero sentido de comunidad, y una compenetración sincera y real con el bien común y los propósitos compartidos. Estas son cualidades que conforman, en parte, las mejores nociones de resiliencia y sustentabilidad organizacional.

Alguien dijo una vez:

“Me gustaría ayudar a todos… En este mundo hay espacio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer para todos. Esta vida puede ser libre y hermosa, pero hemos perdido el camino. La codicia ha envenenado las almas de los hombres, ha barricado al mundo con odio, nos ha marchado hacia la miseria y el derramamiento de sangre. Hemos desarrollado todo con cada vez mayor velocidad, pero al mismo tiempo nos hemos encerrado. La tecnología que nos provee abundancia nos ha dejado en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, se ha convertido en dura y cruel. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Mas que máquinas, necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y gentileza. Porque sin estas cualidades, la vida sería violenta y todo se perdería … (La globalización y las comunicaciones?) nos hacen sentir más cercanos, pero la verdadera naturaleza de inventos como estos exige de nosotros bondad humana, y exige de hermandad universal que nos una a todos en lugar de separarnos.”

No la busquen. No es una cita de Steve Jobs, ni de Peter Drucker, Tom Peters, o de Clayton Christensen. Esto fue escrito para la película “El gran dictador (1940) por Charlie Chaplin, y es el último discurso en su satírica comedia sobre un barbero, quien es forzado a hacerse pasar por la figura de líder supremo de un ficticio régimen totalitario, y quien en el último minuto, encuentra el coraje para rebelarse a la violencia, hablando directo desde el corazón y en contra de su propio instinto de supervivencia. Es en ese momento donde el barbero realmente se convierte en un líder inspirador.

A pesar de que han transcurrido 80 años, algunas de estas palabras aún representan nuestras aspiraciones de verdadero liderazgo y de una sociedad mejor. Por eso es posible que estos conceptos inclusive calen todavía hoy tan hondo como en aquel entonces.

Claramente, ya es hora de que hablemos mucho más sobre “nosotros”, y mucho menos acerca de “yo”. Tal vez los hechos, ciertamente dramáticos, de estos días nos dejen una importante enseñanza, y sirvan de alguna manera como catalizadores de una nueva visión común que nos una, y al mismo tiempo nos aleje de un nuevo aislacionismo que ya era incipiente.

Está en cada uno de nosotros, desde dónde nos toque, pegar ese salto que deje atrás muchos de nuestros repetidos y obvios errores como sociedad, y nos permita evolucionar de manera armónica, hacia un mundo más integrado y menos desigual. Y dentro de ese cambio de actitudes, por qué no aprovechar el momento, y enfocarnos a encontrar y promover esos liderazgos que sean diferentes y acordes a esta nueva época. Porque nos guste o no, el mundo que manejábamos hasta hace poco ha cambiado visiblemente, y nos pide a gritos que nosotros hagamos lo mismo.

Ignacio Alperin

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.
Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.
© 2020 Ignacio Alperin

Categories
2019 Creativity Creativity / Creatividad Design Exhibitions IN ENGLISH Innovation Promoting your Art sustainability Uncategorized Videos

¿Soltar el paracaídas?

Veo las imágenes que se repiten. Aquí y alrededor del mundo, las cuarentenas van generando resistencia. Y comprendo el fastidio de muchos, que en parte también es el mío.

Por algo la sociedad ha dispuesto que la pérdida de la libertad y del movimiento es posiblemente una de las mayores penas que como civilización humana, y a través de la justicia, le podemos dar a aquellas personas que decidan no respetar las reglas de convivencia sociales, así como a quienes no respetan a otras personas, o la propiedad ajena, el bien común, y por supuesto, la vida.

Entonces, en algún punto, nos sentimos como frente a una terrible injusticia, porque consideramos que no hemos hecho nada para merecer esto.

Pero una pandemia como la presente, y particularmente el método que nos permita controlarla y atravesarla sin mayores costos en vidas humanas -y más allá de las causas que la hayan producido-, no pasa por culpabilidades, sino por solidaridades.

El que hemos iniciado a nivel planetario, es un camino que emprendemos juntos, para tratar de protegernos entre todos.

Si ensayamos una simple analogía, esto sería como estar en un avión y enterarnos que el aparato se va a estrellar y como resultado, la predicción es que posiblemente nos matemos casi todos.

Eso será así a no ser que, sepamos cómo se hace o no, nos pongamos todos el paracaídas que está situado debajo de cada uno de nuestros asientos y nos lancemos al vacío. O sea, hacia a un futuro incierto, pero posiblemente menos dudoso -y con claras probabilidades de llegar a un final feliz- que quedándonos todos en el avión que sabemos se va a estrellar.

De la agitación del salto, y la primera caída rápida, sentimos cómo se abren de pronto los paracaídas, y el descenso se nos hace lento y suave. Y eso nos permite generar esperanzas que, cuando finalmente logremos apoyar nuestros pies sobre la tierra, estaremos todos mayormente a salvo.

Ese proceso conlleva paciencia, fe, apoyo mutuo, y toda la tranquilidad que podamos invocar.

Es probable que en este momento de nuestra cuarentena, estemos casi todos ahí, flotando lentamente, y todavía sin poder ver con nitidez nada bajo nuestros pies. Y como resultado, estemos sufriendo mucha ansiedad. Es nuestro primer salto después de todo!

Por eso, tal vez, este es el momento de confiar, unos en los otros, de sentirnos acompañados pero separados, cada uno con su paracaídas, pero sabiendo que somos muchos flotando hacia la vida y alejándonos, si Dios quiere, de un potencial final trágico.

Aquellos que hoy, bajo un lógico stress psicológico y financiero, o por simple aburrimiento, insisten en que esto “ya fue”, o que ” al final no pasó nada”, o “es un cuento engendrado por villanos obscuros y debemos resistir”, y por lo tanto es hora de volver a nuestra vida como era antes, me hacen pensar en que esto sería como que compañeros de viaje en nuestra virtual aventura con el avión, y ante la lentitud del descenso, nos empiecen a gritar a la distancia -tratando de convencernos-, de que ya que estamos descendiendo tan lentamente y claramente pareciéramos estar mayormente a salvo, nos quitemos todos los paracaídas de una buena vez así llegamos a tierra más rápido….
Paciencia, consciencia, fe, y solidaridad.

Si me permiten la sugerencia, de esos materiales deberían estar hechos cada uno de nuestros “paracaídas” personales. No vamos a aterrizar a salvo lanzándonos al vacío sin protección.

Sigamos en este descenso controlado, y sigamos cuidándonos, que la tierra firme, lentamente, ya se va acercando a nuestros pies.

Un fuerte abrazo a todos.

Nacho

 

Ignacio Alperin nació en Argentina, creció en Australia y vivió temporariamente en varios países alrededor del mundo. Posee una experiencia internacional extensa, y diversa, obtenida en una carrera profesional alejada de lo lineal. Hoy en día es Profesor de Entrepreneurship en los MBAs de la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesor de Creatividad e Innovación (Grado) en UCA Internacional, es un Emprendedor serial, consultor, orador en eventos nacionales e internacionales, y artista plástico.
Ignacio Alperin was born in Argentina, grew up in Australia and lived temporarily in several countries around the world. He has extensive and diverse international experience, obtained in a professional career far from the linear. Nowadays he is Professor of Entrepreneurship in the MBAs of the Argentine Catholic University (UCA), Professor of Creativity and Innovation (Degree) in UCA International, a serial Entrepreneur, consultant, speaker in national and international events, and an artist.
© 2020 Ignacio Alperin